Wednesday, June 21, 2017

AL-MAQHAA Y LAS VOCES DEL AHORA


PABLO CEREZAL

A Juan Goytisolo, que habita el presente.

La primera vez que entré al parisino café Le Procope, el camarero, solícito, me mostró la mesa en que escribía Voltaire. Acto seguido se aventuró a asegurarme que estábamos en el café más antiguo del mundo. Supe, tiempo después, que la realidad distaba mucho de tal aseveración. Pero las consignas turísticas son difíciles de eludir hoy en día, y en numerosas ocasiones, a fuerza de repetirse, logran trocar de leyenda en historia. Sí fue, Le Procope, el establecimiento que popularizó el consumo de café en el país galo. Pero el primer local dedicado a dicho consumo abrió sus puertas en la antigua Constantinopla, allá por 1475, y se llamó Kiva Han. Fraudulentos trucos del comercio turístico, ya digo, pero también del egocentrismo occidental.

Desde que un pastor de cabras etíope, allá por el siglo IX, observase el efecto vigorizante que surtió en su rebaño la ingesta de unas extrañas bayas carmesíes, el café se ha convertido en imprescindible para la vida diaria de un elevado porcentaje de la población mundial. Así quedó instaurado en el mundo musulmán el consumo de café. Así se abrieron, ya en el siglo XV, los primeros locales dedicados a ello. Así se extendieron por las tierras de Alá, y se popularizaron como lugar de reunión de filósofos, intelectuales, pensadores, políticos, conspiradores y diletantes.

Después, mediado el siglo XVII, el café llegaría a Europa. Las grandes capitales se verían subyugadas ante los estimulantes efectos de aquella bebida, y en los locales inaugurados para su consumo se forjaron las revoluciones, corrientes filosóficas y movimientos artísticos que conformarían la sociedad actual. En el orbe musulmán, los cafés siguieron proliferando, hasta convertirse en lugar casi exclusivo de reunión pública, y al albur de su penetrante aroma la sociedad islámica puso voz al pensamiento de la calle. Nuestros europeos Le Procope, de Flore, Central, Gijón o Pombo, pueden considerarse reflejo de los musulmanes Hafa, M’Rabet, Fishawi, Gemmaizeh o Pierre Loti.

Ayer presenté en Madrid mi libro Al- Maqhaa, un largo reportaje que pretende restituir, al menos en parte, la existencia del café y sus lugares de consumo como otro de los legados musulmanes que Occidente ha intentado soslayar. Así somos, los avanzados adalides del progreso. Así nos encerramos, creyendo universalizarnos, al intentar imponer la creencia de que todo lo que sirve o es útil ha sido inventado por nosotros. Así somos de provincianos, al fin, cada vez que hablamos de Historia limitando esta a las estrechas fronteras europeas y estadounidenses. Es que la India no existió más allá de su época de esclavismo británico y las actuales corrientes orientadas a banalizar siglos de sabiduría ascética. Es que Centro y Suramérica sólo comenzaron cuando nuestros ancestros decidieron aniquilar toda huella de cultura bajo el yugo retrógrado y fiero de la cruz y el arcabuz. Es que África y Oriente Medio no son más que amplios territorios baldíos poblados por ejércitos de vagos, hambrientos y terroristas islámicos que nos impiden regalarles progresía y riqueza.

Produce hastío pensar en esta actitud imperialista que cada día acrecienta su maquinaria publicitaria para acrecentarnos el más puro atraso moral e intelectual. Dan ganas de marcharse lejos. Se ha intentado, en alguna ocasión. Se seguirá intentando, intuyo. Hay quien lo hizo, y logró convertir su exilio voluntario en ejemplo de vida, memoria, cultura y verdadera Historia.


En Al-Maqhaa no ha tenido cabida un café que, desde hace unos días, ha hecho trinchera en mi memoria como para combatir el paso del tiempo y su fiel escudero: el olvido. Hablo del café de France, sito en la célebre plaza de Xmáa-El-Fna, en Marrakech. Y bien lo hubiese merecido pero, en ocasiones, las restricciones espaciales obran caprichosas injusticias.

El caso es que el recuerdo ejerce su tiranía de exactitudes para conducirme de nuevo a Marrakech, a una jornada transcurrida ya hace años, tantos que comienzo a dudar si no me habrá impuesto, también el recuerdo, su dictadura de ficciones.

La tarde es un espanto de temperatura extrema y mercadeos mínimos que comienzan a transitar la frontera de sus contrarios. La medina de Marrakech, a medida que los termómetros se desvisten de cifras, comienzan a ataviarse con pieles y telas que devuelven frondosidad a sus tenderetes. Según va cayendo la tarde y el aplastante calor comienza a evadir las calles, estas se pueblan de mercaderes y paseantes que proporcionan al itinerario un bochorno más amable, el de la vida en desarrollo.

Callejeo el alboroto decidido a llegar hasta la plaza de Xemáa-El-Fna, para tomar asiento en el café de France, donde me ha citado Juan Goytisolo. Aún quedan unas horas para que llegue la del encuentro, pero no quiero perderme el espectáculo del cambio de guardia que, al atardecer, se produce en la plaza. Los vendedores de zumos y jugos desmantelan sus puestos callejeros para dejar paso a los cocineros y camareros que, desde ahora hasta bien entrada la noche, repartirán viandas, aroma y sonrisa entre su nutrida clientela. Los pedigüeños y menesterosos escabullen sus monótonos ropajes anónimos para que, en su lugar, vistan la noche los atuendos maravillados en color de cuentacuentos, danzarines y encantadores de serpientes. Un cambio de guardia menos castrense que esos a los que acuden miles de turistas en los dominios de Occidente. Pero igual de metódico y, qué duda cabe, más alegre.

Ya en la terraza del café de France, el camarero certifica la pericia de los de su gremio aquí, en Marruecos, tras intuir mi nacionalidad y hacerme tomar asiento, de inmediato, en la “mesa de Juan”. Así lo proclama: esta es la mesa de Juan, siéntese aquí. Enciendo un cigarro a la espera del café negro que me ha asegurado llegará en un instante, y pierdo la mirada en las geometrías inexistentes del crepitar ciudadano.

Vaga mi mente entre la algarabía de voces que pueblan el café y la plaza. Pierdo la noción del tiempo, no sé cuánto ha pasado cuando veo a Goytisolo acercarse, con el pausado caminar de la edad y la paciencia. Danza un mínimo temblor de cejas en su rostro, a modo de saludo y, antes de acercarse a mi mesa (su mesa) saluda a los parroquianos que ocupan la aledaña. Hablan y ríen, le invitan a tomar asiento. Pero él me señala con el hombro y todos exclaman “bienvenido” en un perfecto y sonoro español. Yo contesto “shukran yazilan” en un prudente y defectuoso árabe. Las horas siguientes serán de compartir charla, pausada pero voraz, y la mirada del poeta no perderá ni por un instante el brillo de la lucidez más acerada.

Goytisolo tuvo sus primeros contactos con el Magreb en los banliueus de París, donde se codeó con las razas del extrarradio y quedó fascinado por su vitalidad insultante. Queriendo sumergirse aún más en los diccionarios vitales de aquellos migrantes forzosos, recaló en Tánger, guiado por las recomendaciones de su amado Jean Genet. Nunca supe por qué no permaneció en aquella ciudad, por qué siguió periplo hasta Marrakech. Él me explica que se vino hasta aquí, en 1985, porque quería aprender dariya, el dialecto marroquí. En Tánger, debido a su origen hispano, todos los habitantes acababan dialogando con él en su lengua materna. La lengua que amaba pero necesitaba desvirgar de cerrazón para llevar adelante su impresionante proyecto literario. Cerrazón a que la habían sometido aquellos conciudadanos que habitaban una España sumida aún en la recolecta miserable de 40 años de dictadura, y que él insiste en asegurarme que está ya regresando con renovados bríos, a imponer encefalograma genérico y plano a los habitantes de nuestro país de origen. ¿Está regresando? No exactamente. Nunca se fue. Por eso él decidió irse lejos, cuanto más lejos mejor. No reniega de nuestra común lengua materna. Al contrario, la ama porque la comprende forjada en promiscuidad de dialectos, voces y decires que hoy intentan condenar al olvido los adalides de la uniformidad y el miedo.

Después me explica que fue en esta Plaza, sentado en este mismo café, donde comenzó a prestar prestos oído a las voces de la gente, escuchándolas, replicándolas con timidez inicial, grabándolas en vetustos cassettes para reproducirlas una y otra vez en la soledad de su hogar, con el ánimo de llegar a pronunciar algún día un idioma que como tal defiende y que ya domina a la perfección. Un idioma que es distinto del árabe con que también se pretende uniformizar al país vecino y que, defiende Goytisolo, será algún día reconocido como identificativo de todas las naciones que integran el Magreb, junto al tamazight y el sousía. Así que el disidente por excelencia muestra una y otra vez, en su tierra de origen o en la de adopción, su amor por la esencia y orígenes de la comunicación. Confirma, así, que su disidencia es de cualquier norma que intente fijar un pasado que no fue como nos cuentan. Él comprende que el presente sólo existe como amalgama de voces pretéritas.

Ya decía, al inicio, de las ansias imperialistas que anidan en este pensamiento único que pretenden imponer los más rancios de nuestros conciudadanos, esos que llamamos los vencedores, esos que se supone escriben la Historia. Pero lo hacen fijando dicha Historia en el momento que ellos deciden, olvidando pasados carentes de uniformidad, negando un futuro que se debería erigir sobre lo heterogéneo.

Juan Goytisolo comprendió todo esto mucho antes, cuando la sociedad española imponía sus legislaciones de terror y silencio, finalizada aquella Guerra Civil que traicionó los verdaderos signos de identidad que nos habían conformado. Una contienda que barrió todo signo de inquietud cultural, entre otras muchas cosas, y que aún no ha logrado esconderse tras los visillos de la Historia, por mucho que tantos la disimulen bajo la alfombra cuando llegan las visitas. El caso es que él se declaró disidente casi a la par que lo hacía escritor, poeta. Disidente de la España oficial y sus literaturas ídem. Y permanece disidente de todo lo que pretenda amarrarnos a un presente huérfano de referentes.

Hoy, aquí, en Marrakech, contemplo maravillado cómo de su garganta brotan por igual los gritos de los aguadores, las intrincadas narraciones de los cuentacuentos, el silabeo aflautado que despierta a las serpientes, la inacabable oferta vociferada por mercaderes y pillos, los ingeniosos chascarrillos de los ciudadanos, y comprendo que la Historia no la escriben los vencedores, que el futuro de la lengua no se dicta en libros ni academias, sino que se habla en las plazas públicas… y en los cafés, especialmente en los del mundo musulmán en que aún regalan el tiempo, los contertulios, al hablar pausado y meditabundo. En Occidente, los cafés van desapareciendo como lugar de encuentro e intercambio de opiniones, y sólo nos acercamos a los que van quedando con la prisa por marchar al siguiente mordiéndonos los talones.

Algún día comprenderán los ciudadanos (ninguna fe en las autoridades) dónde habita la esencial semilla del habla y la literatura (tan despreciada hoy, tan de saldo), que vienen al fin a ser lo mismo: vida en desarrollo. Y Juan Goytisolo, aunque ya no esté, seguirá aquí, a la sombra de una temperatura mortal, en Marrakech, en la Plaza de Xemáa-El-Fna, en el café de France, moldeando la gloriosa gangrena de la palabra, coloreando las esquinas verbales que los tiempos anhelan dejar fuera de foco.

Ahora comprendo que las páginas de Al-Maqhaa han quedado huérfanas de ese café en que Juan Goytisolo erigió la mayor de sus disidencias, la que le alejó de un presente cobarde y vacío, ausente de vida. Porque la vida es amalgama de voces antiguas que son, a pesar de todo, las voces del ahora.

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De LA GALLA CIENCIA, junio 2017

Tuesday, June 20, 2017

A falta de pan, buenas son tortillas

JOSÉ CRESPO ARTEAGA

En domingo, difícil que haya pan en la cocina, verifico que no hay. Detesto el socorrido ‘pan de batalla’ porque considero que es pan de flojos, ya que se lo puede encontrar en cualquier tienda del barrio y, encima es incomible, especialmente al día siguiente, cuando se torna una desabrida masa esponjosa repleta de miga. Creo que sólo lo consumiría en caso de guerra, si eso. El pan, por muy básico que sea, también es cuestión de gusto. A la hora de adquirirlo se le debe dar la misma importancia que al buscar pareja: hay que saber escoger. Ahora ya saben por qué no recurro a la tienda de la esquina para tener un desayuno decente.

Ya entrando en materia, con un par de huevos bien puestos se puede superar el escollo, o de lo contrario verse en la situación de tener que  resignarse a un mísero té con galletitas. En menos de veinte minutos se puede tener una suculenta alternativa digna de ser devorada. Los dioses de la cocina revelan sus secretos a medida que uno se hace ducho, todo es cuestión de ensayo y error. Y mucha predisposición, desde luego. Creo que se me están subiendo los humos al intentar dar un marco teórico a una faena tan sencilla como elaborar tortillas. Si se me nota el tufillo filosófico de todo gourmet aficionado le ruego que me dispense. Dejo de soltar la lengua, mejor, y suelto los truquillos, pasos o tips para no tener excusas.

Casque los huevos (dos por persona, para gente real, no para aquellos que comen como gatitos) en un cuenco o plato hondo. Pique un tomate pequeño, ahí mismo sobre el cuenco a mano alzada, mejor si lo hace con cuchillo de mesa con sierra, verá qué fácil es hacer cortes cuadriculados. Añada un tanto de perejil picado, todo a mano, no es necesario hacerse al fino picándolo puntillosamente en tabla. También puede escoger un ramito de cilantro o decantarse por unas hojitas de yerbabuena desmenuzadas. Nada de mezclar las hierbas, porque con la cocción seguro que se neutralizan entre sí.  Resulta mucho mejor usar una a la vez, para que su aroma característico esté presente al degustar la tortilla, además porque así tendremos más variedad y riqueza de sabores en cada preparación.

Llegado el caso puede también ponerse a picar cebolla verde, que siempre le sienta de maravilla a una tortilla o revuelto de huevos. Nada de hortalizas duras o de difícil cocción como las zanahorias o pimentones. Si decide usar cebolla no garantizo que su pareja lo eche por su aliento, avisado queda. La sencillez hace al preparado: un tomate es vital porque le da toque de color y contraste a la masa amarillenta que resultará la tortilla. Y las motas verdes de la hierba que elijamos la harán ver más apetitosa aún. Y si, encima, son de hojitas de quillquiña (Porophyllum ruderale, un pariente cercano de la ruda, de potente olor pero sin parecer medicinal; si vive en el continente puede que usted sepa de lo que hablo, si es de las Españas u otro país del norte mejor se aguanta), el sabor del bocadillo, cada vez que la boca mastique un trozo con ella, le sabrá a placer avasallador, por no decir embriagante.

Disculpe que machaque con esto de las hierbas, pero su presencia es fundamental porque de lo contrario pronto se cansará de las tortillas y no querrá ver una en meses o años. Pregúnteles a Sophia Loren y Marcello Mastroianni que, en la espléndida Los Girasoles, además de apechugarse se les ocurre ponerse a elaborar una gigantesca tortilla con una veintena de huevos y sin otros ingredientes que burro (mantequilla) y sal. Les debió de salir una burrada (en términos criollos: una auténtica huevada) todo aquello, porque ni con el hambre canina que confesaban no pudieron ni devorar la mitad, y eso que tenían en la mesa un par de vinos. El empacho los devoró a ellos, más bien.

Que me fui por las ramas, creo. ¿Dónde estábamos? Que una vez dispuestos los ingredientes mínimos, esto es, los dos huevos cascados, el tomate picado, el perejil u otra hierba, proceda a removerlos bien con una cuchara, sin necesidad de batir la mezcla. A continuación añada sal, comino o ajo en polvo pero con moderación. Luego para sustanciar la mezcla se añade pan molido poco a poco, cuidando de que no queden grumos ni resulte muy espesa, término medio vale. El pan molido es crucial porque aglutinará los componentes de la tortilla y evitará que ésta se pegue a la sartén o se deshaga en horribles pedazos. Si desea puede aumentar a la mezcla un poco de mortadela picada en cuadritos o también aceitunas de manera parecida, que realzarán de alguna manera el producto final. 

Ponga a calentar una sartén de tamaño estándar o familiar, a ser posible de teflón, con un chorrito de aceite, el suficiente que recubra su superficie, mucho cuidado de no sobrepasarse, no queremos que nuestra tortilla absorba como esponja. Sabrá que la sartén está a punto cuando derramando con la cuchara unas gotitas de la pasta comiencen a freírse con el contacto. Remueva la sartén de lado a lado, con calma, para que el aceite se vuelva a impregnar, justo antes de poner a freír la mezcla. Eche todo el preparado, desde baja altura, ayudándose con la cuchara al raspar el recipiente, hágalo sin titubeos y rápido. Inmediatamente, con movimientos del mango puede esparcir la mezcla o, para estar más seguro, utilice una espátula de plástico. La intención es que la sartén sea copada por una capa delgada y uniforme.

Rebaje el fuego de la hornilla pero sin llegar al mínimo. La cocción lenta hará que la base no se queme antes de tiempo. No toque nada de la fritada y no se preocupe si empieza a levantarse algo de espuma. Después de unos cinco minutos, dependiendo del tamaño del fuego, la tortilla estará lista para ser volcada. Compruébelo  mediante la espátula, introduciéndola suavemente por debajo, por varios costados. Si la tortilla se mueve libremente es buena señal, también le ayudará que el color de los bordes esté dorado casi marrón.

Todo lo anterior es pan comido, en términos culinarios. El truco maestro, el verdadero arte es la volcada. Cuántas veces habré malogrado mis meriendas intentándolo. Cuanto más grande la sartén y más gruesa la tortilla mayor el riesgo de resquebrajarse. La experiencia me ha enseñado que un movimiento rápido de muñeca al manejar la espátula es la clave para salir airoso del lance. Algunos recurrirán a un plato plano o tapa de olla para ayudarse pero es como hacer trampa. En lo aparentemente complicado está la fuente de la satisfacción, o de la felicidad, dirán otros.

Una vez volcada la tortilla, bastarán unos minutos para que la otra cara quede bien cocida, ahora sí que conviene apretarla un poco con la espátula contra el fondo para que el centro termine de cocerse y, de paso, ayudar a dorar uniformemente la superficie. Aliste el café, recargado como para hombrecitos y, si tiene una salsa Tabasco a la mano, el paladar se lo agradecerá. Sírvase acompañada, si es posible, de un buen gajo de palta (aguacate) que, con su maravillosa suavidad y sabor refrescante, el desayuno será reconfortante, no estoy seguro, pero pletórico sí que será.

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De EL PERRO ROJO (blog del autor), 19/06/2017


Sunday, June 18, 2017

Plazazelai, esta mañana

MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ

Hacía tres semanas que no caminaba por Plazazelai, desde el portillo de Orabidea. Hoy lo he hecho muy a primera hora, cuando el fondo del valle estaba cubierto por una espesa capa de niebla. El camino estaba casi por completo en sombra, había mucha humedad, aromas diversos, muchas flores de hipérico, restos de dedaleras  y un intenso guirigay de pájaros. No me cansaré de decir que ese es un buen ejercicio para ir dejando por el camino todos los  murciélagos que puedas, que le aniden a otro, carajo. Cada día un poco más lejos. Mañana no ha llegado, pero hoy es hoy, lo diga Séneca o Marco Aurelio, autoridades. En unos días será el solsticio del verano, tal vez por eso me he acordado del poema «Solstici», de Miquel Martí i Pol, con el que cierro mi último dietario publicado, Rumbo a no sé dónde:

En soledad, pero no solitarios,
reconduzcamos la vida, con la certidumbre
que ningún esfuerzo caerá en tierra estéril.

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De VIVIRDEBUENAGANA (blog del autor), 18/06/2017

‘Ne me quitte pas’

PABLO MENDIETA PAZ

En junio de 1959, el imperecedero cantautor belga y uno de los mayores exponentes de la chanson, Jacques Brel, inspirado en la Rapsodia número 2 de Liszt, y en su amante, Suzanne Gabriello, compuso la que es considerada por la crítica como una de las canciones de amor más bellas del siglo XX. Muchos entretelones mentales pudo haber tenido la creación de Ne me quitte pas (No me abandones), si a ella, su canción de amor más desgarradora y delicada, el compositor le destinó años después calificativos tan ásperos como decir que fue “propia de un cobarde y un imbécil”.

Quienes lo conocieron de cerca opinaban que detrás de ese comentario tan despiadado se descubría la atormentada contradicción entre su deseo de libertad y su odio a la prudencia y los convencionalismos, y la férrea educación católica que Brel cargó sobre sus hombros, cuyos severos valores originaban en él un mortificado sentimiento de culpa. Su existencia, como una veleta girando en todas direcciones, se inclinaba a rechazar, no sin miedo y vaga (aunque profunda) rebeldía la forma de vida impuesta desde su infancia, hasta finalmente extraviarse en una condición de esposo infiel y padre imperfecto.

Y entonces, entre las cuatro paredes de una sombría habitación, armado de su guitarra y una copa de vino escribió, impregnado por el abundante humo del tabaco, Ne me quitte pas, con su corazón hecho un ovillo por el amor furtivo que abandonaba. Una de tantas amantes, de quien, como obstinado enamoradizo, pretendió empaparse hasta de su más menuda molécula de amor, como si en su vida no lo hubiera hallado a raudales, sobre todo en su compañera de vida, Miche, a quien le dio una estocada de desesperanza y profundo duelo de corazón.

Pero gracias a ella, a Suzanne Gabriello, o Zizou, arrojó al mundo, como una lanza con punta sentimental, su más acabada inspiración, que hoy, con nostalgia algo escuchamos como susurro modelado con formas infinitas. Así también pinceló el mundo Paul Gaiguin —a su manera otro sublevado a lo “normal”— cerca de cuya tumba yace Brel en la Polinesia, levantando sospechas de arcano casualismo.

Se dice que su rechazo hacia lo religioso, su rebeldía a lo establecido, su odio a la burguesía, tenían como raíz un horrendo descubrimiento de niño: la relación extramatrimonial de su madre con un párroco.

Si así hubiera sido, ¿habría recibido las dádivas del cielo para expresarse con la belleza de su música y poesía? ¿Habría retratado la delicadeza de los paisajes de Flandes, de su Bélgica soñada, del mar del Norte, y hacer que hasta el propio mar Mediterráneo, acompañado por el cielo gris y la lluvia infinita “se sintieran conmovidos y nostálgicos al escuchar Le plat pays”?  Es posible por su alma desgarrada, observó cierta vez Edith Piaf. Pero aparte de cualquier juicio que uno pueda formarse, Jacques Brel rindió el más perfecto tributo al amor: Ne me quitte pas, himno que hoy lo oímos más fuerte que nunca. 

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De LA RAZÓN, 15/06/2012

Friday, June 16, 2017

Mosul’s Library Without Books

ROBIN WRIGHT

I could smell the acrid soot a block away. The library at the University of Mosul, among the finest in the Middle East, once had a million books, historic maps, and old manuscripts. Some dated back centuries, even a millennium, Mohammed Jasim, the library’s director, told me. Among its prize acquisitions was a Quran from the ninth century, although the library also housed thousands of twenty-first-century volumes on science, philosophy, law, world history, literature, and the arts. Six hundred thousand books were in Arabic; many of the rest were in English. During the thirty-two months that the Islamic State ruled the city, the university campus, on tree-lined grounds near the Tigris River, was gradually closed down and then torched. Quite intentionally, the library was hardest hit. Isis sought to kill the ideas within its walls—or at least the access to them.

On a rainy day this spring, I walked the muddy and eerily deserted university grounds, in eastern Mosul. I turned a corner and saw the library, a block-long building, charred black and its shell strewn, inside and out, with splintered glass, burnt beams, heat-warped furniture, toppled shelves, and mounds of ashes. In December, as the Iraqi Army pushed into Mosul, Isis fighters had set the library alight. The books had served as kindling.

“My life’s work,” Jasim said, when we spoke by telephone two weeks ago. “I’d rather my house be destroyed, not the library. All my memories, all the people we helped there—we helped develop the city and the country. Whenever I speak about the library, it’s as if I’m putting my hand on an open wound.”

Despite enduring dictators, an extremist rampage that reconfigured Iraq’s borders, and three long wars over the course of four decades, Iraqis are known for their intellectual curiosity and literacy. There’s a famous saying in the Middle East: “Books are written in Egypt, printed in Lebanon, and read in Iraq.” For centuries, private home libraries were considered a sign of class. After the University of Mosul was founded, in 1967, sixty of the city’s largest private libraries donated their historic collections to the new campus library, Jasim told me. Those volumes are all gone now, too.

Isis had already destroyed Mosul’s central library, the other major resource center in Iraq’s second-largest city, which was once a cosmopolitan melting pot of disparate religions and ethnicities. Irina Bokova, the director-general of Unescocalled it “the systematic destruction of heritage and the persecution of minorities that seeks to wipe out the cultural diversity that is the soul of the Iraqi people. Burning books is an attack on the culture, knowledge and memory.”

The future of the university, especially its library, is a microcosm of the challenge facing Iraq after the ouster of Isis fighters and the end of their pseudo-caliphate. It’s one thing to erect four walls to rebuild shattered homes; it’s another to re-create institutions.

As I walked the university grounds that day, the only sounds were from bombs, mortars, artillery, and automatic rifles across the Tigris, in western Mosul. Every building on campus was damaged. The main boulevard had been bombed by the U.S.-led coalition, one of many streets in Mosul hit preemptively to slow the potential advance of Isis suicide bombers from university grounds. One of the bombs had left a huge crater spanning the street. The only other people on campus were members of a small demining team from the Iraqi Army. One of its heavy armor-plated vehicles had gotten stuck in the mud trying to get around the crater.

The previous day, the demining team had dismantled thirteen booby-trapped bombs left by Isis in classrooms, hallways, offices, even wastebaskets, Captain Ahmed Hamid Jebur told me. The workers had defused six more bombs the morning before we met. The team showed me the translucent trip wires—as thin as dental floss—connected to shells from a fifty-seven-millimetre anti-aircraft gun. The bomb has been crudely improvised from disparate parts, hence the name improvised explosive devices, or I.E.D.s, now the hallmark of extremist movements across the Middle East and South Asia. Jebur showed me videos on his cell phone of his team finding, then dismembering, the bombs. This footage was the only official record. He had lost several men clearing out I.E.D.s left behind by Isis.

Jebur and his men volunteered to take me through several buildings that they had cleared, including the science department. Isis reportedly used the labs there to work on basic versions of chemical weapons. The Iraqi Army had just removed the last I.E.D.s in the department—or so the team believed. With no electricity on campus, the only light inside any of the buildings was from our cell phones.

The demining team was bolder than I in its movements.  As we maneuvered through heaps of debris, I worried about trip wires. “Come,” Jebur encouraged me.

The hulking library was the most haunting of the buildings. Jebur and two of his men, rifles slung over their shoulders, led me through it. The only sign of what it had been was an occasional scrap of paper from a book, its edges burned brown, on the ground. Chronicles and records of Mosul’s rich past—which dates to antiquity—perished along with the books. Jebur kept shaking his head as he surveyed the scorched facility.

The University of Mosul, which enrolled forty thousand students in peacetime, wants to reopen for the new school year in October, the university's president, Obay al-Dewachi, told me by phone. After the Isis blitz into Iraq from Syria, in mid-2014, many faculty members and students fled Mosul, mainly to northern Kurdistan. In exile, staff organized makeshift classes in motels, in Kirkuk and Dohuk. The obstacles of returning to Mosul are daunting: tens of thousands of families have to decide whether to go back to a city that is physically ravaged, politically dysfunctional, and lacking a working economy or electricity. At the university, parts of the campus will require a massive cleanup. “Windows and doors are broken even in buildings not destroyed,” Dewachi told me. Other departments will have to be rebuilt from scratch. Security will be an issue, too. The growing fear in Mosul is that Isis will sneak suicide bombers back into the city, as it has done to other parts of Iraq under the control of the government in Baghdad.

Then, there’s the problem of books. On May 25th, students organized a book drive outside the gutted library, even as battles between the Iraqi Army and Isis militants echoed from across the river. Four young musicians performed in front of the library steps. Three students pinned their photographs of people and places and life in Mosul on a long clothesline and recounted the stories behind them. Four painters displayed their work, propped on easels. The event was the brainchild of Mosul Eye, a pseudonymous historian and blogger who chronicled life under Isis rule until he fled Iraq, last year. (He spoke on the condition of anonymity, since he still has family in Mosul.) Before the Isis invasion, in 2014, he spent long hours in the library each week doing research, he told me. From abroad, he’s now trying to coordinate a cultural rebirth in Mosul, beginning with its university.

The price of admission to the student festival was a book. The kids collected several dozen volumes, Tahany Saleh, a graduate student in economics and one of the organizers, told me by phone. The library still has a long way to go.

A few international groups have offered to help. In Europe, the group Solidarity and Cooperation in the Mediterranean (Entraide et Coopération en Méditerranée) pledged fifteen tons of books and a container full of tables and chairs. “We get universities from all over France to contribute,” Mohamed Hermi, a Tunisian-born lawyer in Marseilles, who runs the volunteer organization, told me. In the United States, the Iraqi-American Reconciliation Project, headquartered in Minneapolis, has been in contact with Mosul Eye about contributing books, too. Boston University has also reached out, as have smaller groups in Britain.

“We have only promises, frankly speaking,” Jasim cautioned. He fears that the library will be a dumping ground for outdated materials that will make foreign donors feel good but fail to re-create a credible resource center at one of the Middle East’s most important universities.

Another issue is just getting goods to the war-torn city. Shipments to the southern port of Basra have to be transported overland six hundred miles to northern Mosul—a journey slowed by inefficiency, corruption, government dysfunction and, still, the war. Where there’s a will there isn’t always a way.

“People are asking me, ‘When are we going to start?’ ” Hermi said. “We could start tomorrow. But I want a guarantee that the books will not get stuck in Basra.”

Mosul Eye recalled the tense early days of Isis rule on campus—and the debate over Shakespeare. Isis wanted to ban the Bard. “One professor argued that’s how we teach English,” Mosul Eye told me. “Isis asked us, ‘But what could Shakespeare teach Muslims? He can’t teach them how to fight.’ ”

The historian added, “Our message about the library is not only about books but to tell Isis that we are alive and that you can’t kill us or ideas—by Shakespeare or anyone else.”


Robin Wright is a contributing writer for newyorker.com, and has written for the magazine since 1988. She is the author of “Rock the Casbah: Rage and Rebellion Across the Islamic World.”

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De THE NEW YORKER, 12/06/2017

Fotografía: Books burned by retreating ISIS troops lie in the ruins of the library at the University of Mosul.
PHOTOGRAPH BY AHMED JADALLAH / REUTERS


Breve historia del circo, por Pablo Cerezal

MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ

Conocí a Pablo Cerezal en Cochabamba, ahora hace cuatro años, en el Tunari, un comedero de El Prado, propiedad de uno que había sido agente secreto, formado en Cuba. Había un colosal pique macho sobre la mesa. Me pasó entonces sus Cuadernos del Hafa,  y escribí algo sobre él en algún lado porque el libro me gustó mucho. En otros encuentros, Pablo  me contó de su vida y milagros, compartíamos filias literarias y fobias sociales o políticas. Tenía una pasión literaria contagiosa, por la lectura y por la escritura. Todo era viaje para él. Sé que Cerezal fue dichoso en Cochabamba y también que las pasó putas, sencillamente putas, o que se lo hicieron pasar. Tengo dicho que un país no lo conoces hasta que no haces cola en Inmigración, y Pablo y Sabah hicieron algo más que cola. Hubo gente que no fue nada generosa con él. Luego llegó Munay, su hijo, tan presente en este libro, como asidero de esperanza y vida mejor...

El circo de niños de la calle del que habla Cerezal y para el que trabajó en una ONG, lo vi actuando en la plaza años atrás. De los niños de la calle y sus tragedias me habló Gregorio Iriarte, una gran persona, y conocí a algunos de ellos en un refugio de Cochabamba, algo tremebundo: historias turbadoras que te ponen un nudo en la garganta a poco que las recuerdes, y que Pablo conoce mucho mejor que yo. Yo pasé y me fui, él estuvo,  a diario, contra viento y marea, más agitados que otra cosa, él hizo, que de eso se trata y que lo cambia todo. En este circo de Pablo Cerezal no hay impostura humanitaria alguna en busca del aplauso, hay testimonio, herida, memoria.

Dicho lo cual diré que si algo me admira de este libro, tejido sobre el dechado de su vida en Cochabamba, es que Pablo haya obviado las putadas que le hicieron y haya orientado su relato por otros derroteros, menos previsibles para mí y más luminosos, por mucho que del dolor y la mugre con la que se encontró en Cochabamba hable. Este relato está sostenido en la verdad de una vida relatada con evidente pasión literaria.  El talento literario está en que para que las páginas te conmuevan no hace falta saber lo que las sostiene o tienen detrás, y las empujan una palabra detrás de otra. De Cochabamba se habla en este libro, cierto, la ciudad, sus calles y mercados, o cuando menos en ese escenario se invoca la mejor vida, pero es de esta de lo que trata, en un soberbio ejercicio de ascesis. Cerezal no se dejó ahogar por la mugre.

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De VIVIRDEBUENAGANA (blog del autor), 16/06/2017

Imagen: Portada del libro (CHAMÁN Ediciones, 2017)


La sequía del Lago Poopó y su conflicto

ANDRÉS HUANCA RODRIGUES  [1]

Resumen: A partir de una breve etnografía, teoría antropológica y notas periodísticas se exponen los diferentes conflictos sociales agudizados por la sequía del segundo lago más grande de Bolivia, el lago Poopó. El trabajo procura dar muestra de la complejidad del conflicto en la región, poniendo énfasis en las consecuencias sociales ahí donde se entretejen relaciones de clase, interétnicas e interinstitucionales. Asimismo se comparten algunas de las soluciones a corto y mediano plazo propuestas por los mismos habitantes del lago.

El periódico boliviano El Diario publicó el 16 de diciembre del 2015 que el segundo lago más grande del país se había secado.[2] La noticia de la tragedia así como las imágenes de cadáveres de pescados y parihuanas (flamencos andinos) recorrieron diferentes medios de comunicación y llenaron las redes sociales. El descontento nacional tomó diferentes formas; la oposición al gobierno actual de Evo Morales argumentó que el gobierno mantiene un discurso ecologista  pero que en la práctica los resultados son tan trágicos como los del lago. Algunos sectores ecologistas progresistas señalaron a la minería de la región como la principal causa de la sequía así como al “proyecto desarrollista” del gobierno. Por su parte este alegó -el mismo presidente Evo Morales nació en Orinoca, pueblo cercano al lago- que el lago Poopó tiene como característica ciclos de sequías y posteriores inundaciones y que las reacciones frente a la noticia eran exageradas.[3] Por otro lado, la preocupación se agudizó por la escasa difusión de información especializada sobre las causas y pronósticos de la sequía.

A un año de esta noticia, un zoom en la región puede coadyuvar en la comprensión del problema, complejo por sus diferentes aristas sociológicas, históricas y ecológicas. En este ensayo se presentan los resultados de un breve trabajo de campo en la región del lago Poopó basado sobre todo en entrevistas[4], teoría antropológica, notas de periódicos y algunos otros estudios sobre la región. Procura dar una muestra de la complejidad del conflicto agudizado por la sequía así como compartir algunas de las soluciones a corto y mediano plazo propuestas por las mismas personas del lago.

Bolivia es sin duda alguna una sociedad plural. Está compuesta por  una diversidad de naciones – por lo menos 36 naciones indígenas según la Constitución Política del Estado aprobada el 2009 basada en un criterio lingüístico-[5] que dependiendo del caso están más o menos articuladas entre sí pero que tienen en común el estar confinadas al interior de un Estado centralizado y ser interdependientes en la economía nacional.[6] Como en otras sociedades plurales de América Latina, en Bolivia la gran mayoría de estas naciones están subordinadas política y económicamente a un grupo dominante minoritario de mestizos y criollos que heredó los privilegios coloniales después de la independencia del siglo XIX. No obstante, como veremos,  las relaciones coloniales descienden y se reproducen entre las naciones indígenas que lejos de formar un grupo homogéneo y “horizontal” forman parte de una estructura jerárquica de dominación.

La realidad de la sociedad plural se manifiesta en diferentes regiones del país donde coexisten diferentes modos de producción, culturas e instituciones sociales. En la región del lago Poopó, ubicado en la zona lacustre del altiplano boliviano en el departamento de Oruro, actualmente encontramos a quechuas, aymaras y urus dedicados al pastoreo de ganado, agricultura, pesca y caza en la cuenca del lago y a la minería en los centros mineros cercanos. Todos estos grupos están relacionados cultural y económicamente por el lago Poopó que se conecta al Lago Titicaca mediante el río Desaguadero, principal afluente del Poopó. Se trata de una sola región plural atravesada por diferentes conflictos históricos de larga y corta data entre los grupos dependientes del lago y de estos con el contexto nacional; conflictos que con la sequía se agudizan y hacen nítidos, mostrando la profundidad del problema que precede en mucho la coyuntura de la sequía actual.

Como hilo conductor presento algunas impresiones personales del trabajo de campo en el orden que sucedieron, deteniéndome en cada entrevista para rescatar aquella información que permita reconstruir un “escenario” sociológico de lo que pasa actualmente en la región.

Al interior de la cuenca coexisten desde tiempos prehispánicos dos naciones indígenas, los urus  y los aymaras. Los primeros actualmente relacionados a vivir exclusivamente de la pesca y caza en el lago y los segundos, además de estas actividades, al pastoreo de ganado y posesión de  tierras cultivables. Ambos comparten en gran medida las mismas opiniones sobre las causas, consecuencias y posibles soluciones a la sequía del lago, sin embargo mantienen entre sí un conflicto histórico que genera diferentes matices en la percepción del problema. Empecemos con los testimonios que recopilamos en las comunidades mayoritariamente aymaras. [7]

El primer lugar al que llegamos desde Oruro fue Poopó, asentamiento minero al oeste del lago. Con la ayuda de don “Silver” y de su conocido Max Calizaya llegamos hasta la pequeña comunidad de El Choro. Mientras cruzábamos el río Desaguadero nos detuvimos para una pequeña entrevista filmada.[8] Señalando al río completamente estancado nos comentaron que este solía ser un gran afluente que alimentaba de agua toda la región. Ambos personajes concordaron que entre las causas de la sequía se encuentra el cambio climático que afectó el ciclo de lluvias que normalmente  empiezan a mitades de diciembre pero que hasta ese momento -mitades de enero- no habían llegado. Por otro lado está la contaminación de los centros mineros cercanos al lago que colmatan con sedimento el río y el espejo del lago. Los centros mineros son Huanuni (uno de los más grandes de Bolivia), San José, minas de Poopó, Inti Raymi, minas Bolívar y Antequera.

Al llegar a El Choro abordamos inmediatamente otro vehículo para que nos llevara a la comunidad de pescadores, Santa María, ya bastante cerca de lo que era el lago. A propósito del nombre “El Choro”, don Silver comentó que probablemente la palabra provenga del quechua churu que entre sus variantes de significado está el de isla o islote, por lo cual se sospecha que el pueblo en los “buenos y lejanos tiempos” del lago era una especie de isla.

El pueblo Santa María está actualmente casi deshabitado. Como nos comentaron el chofer del trufi[10] que nos llevó a la comunidad y su esposa, Ismael Apaza y Lucy Acapa Chinches, el abandono y deterioro de Santa María se debe a la migración ocasionada por la falta de trabajo desde hace por lo menos veinte años. Ismael era pescador y Lucy ayudaba con la venta y transporte del pescado pero debido a la sequía que inició alrededor del 2006 tuvieron que migrar a Argentina para trabajar de vendedores de verduras. Recuerdan que en la mejor época del lago en la década de los 80 podían pescar pejerreyes de hasta 60 cm de largo que eran transportados en camiones para abastecer toda la región y varios departamentos aledaños.

Juan Rene Alves, corregidor de Santa María,  reconoce que la sequía del lago es una gran preocupación por las implicaciones laborales. Alrededor del 65% de personas son pescadores y el 35% restante agricultores y pastores que dependen de los ríos para el riego y la alimentación de los animales.[11] Los productos cultivados alrededor del lago Poopó son la cebada, cebadilla, alfalfa y papa. Respecto a las causas de la sequía señaló que el calor aumentó en los últimos años, secando los ríos que nutren al lago Poopó. Su opinión sobre la actuación del gobierno central es que no ha tomado mucha atención al problema y mencionó que no se hizo nada sobre la desviación del río.[12] Sobre las posibles soluciones Juan Rene Alves reconoció todavía no estar muy informado porque recién iba tomar posesión de su cargo en días próximos por lo que nos recomendó entrevistar a don Félix, pescador de edad avanzada de Santa María.

Acompañados de don Félix fuimos en el trufi de Ismael hasta el espejo del lago. Después de viajar por un camino accidentado de tierra dejamos atrás el páramo y llegamos a lo que era el espejo del lago, ahora hecho de barro grisáceo y salitre. Las extensiones de este espacio se pierden en el horizonte.

Ya en el espejo del lago nos detuvimos cerca de uno de los muchos botes oxidados que los pescadores abandonaron. Estos estaban boca abajo para proteger redes de pesca (algunas todavía con pescados), pieles de ovejas, ropa, y otros utensilios para las jornadas de trabajo en el lago. El terreno estaba sembrado de plumas, huesos de aves y pescados secos por el sol y el ambiente altiplánico. En ese espacio entrevistamos a don Félix.[13]

La plaza de Santa María hace muchos años estaba llena de comercio, llegaban camiones desde el departamento de Oruro para recoger todo el pescado. El lago en sus lugares más profundos tenía alrededor de trece metros de profundidad y se podían pescar peces de hasta 60 cm. Las aves de la región son patos, parihuanas (flamencos andinos) y paracas. A pesar de la sequía don Félix prefirió no migrar porque ese era su lugar. Se dedicó a cuidar ganado pero sus hijos y otros jóvenes fueron a buscar trabajo al departamento de Santa Cruz.

Ismael complementó la entrevista comentando que los más afectados por la sequía son los urus muratos que desde siglos atrás viven por completo del lago porque no tienen terrenos para el cultivo o pastoreo. A diferencia de los aymaras y quechuas que no entraban al lago en época de frío, los urus no detenían su pesca. Incluso el año pasado (2015) cuando ya había muy poca agua ellos seguían trabajando hasta que en septiembre u octubre llegó un ventarrón que arrastró el lago, matando a muchos peces. Después de eso desapareció el lago. Por último, sin estar muy de acuerdo sobre las fechas, Lucy e Ismael comentaron que por la década de los 60 el lago se secó por completo durante veinte años y luego regresó. Entre las anécdotas de su juventud don Félix cuenta que un día mientras pescaba llegaron vientos huracanados que lo empujaron hasta Pazña (ver mapa de más arriba) y que en su lucha para aguantar los vientos cayó dos veces al agua. Pensó que esta era su muerte.

Las últimas dos entrevistas en El Choro fueron a Juan Bautista, dirigente de la comunidad de Challapata y a Octaciano Chambi Chinche, comunario de El Choro. Juan Bautista enfocó su testimonio en denunciar severamente la inactividad del gobierno.[14]

Las autoridades vienen, muestran preocupación, pero nunca se llegan a soluciones reales. La contaminación de la minería lleva a la pérdida de animales, afectando a agricultores y ganaderos. Se requiere difundir la información para que el gobierno provea apoyo a los pobladores. Se deben hacer investigaciones, monitoreo de los daños en la región y sus comunidades. Es necesario dar prioridad a la región y no a otras que reciben apoyo pero no viven una situación tan dramática. Se invita a los investigadores a que vengan a El Choro, se los llevará por toda la región para que conozcan el daño. Desde hace años se está buscando ayuda pero todo se queda en la “teoría”. El lago Uru Uru (al norte del lago Poopó) está completamente colmatado por el sedimento de las mineras; no es posible que gente de la tercera edad trabaje esta situación con palas cuando existen maquinarias para llevar a cabo el dragaje del río. “Todo son promesas”.  Lo peor de la sequía son las afectaciones laborales que por lo menos ha impactado a dos mil trabajadores que vivían del lago. Los más afectados son los urus muratos que viven incluso de las aves silvestres ahora ausentes. Ellos, al igual que todos los pobladores de la región, han tenido que emigrar en busca de trabajo. Nada se ha hecho al respecto.
Imagen 1. Salinas Neri, Hugo Ernesto (Fotógrafo). Parigûana (Fotografía). Enero de 2016. Fuente: Pacarina del Sur    

Octaciano Chambi Chinche es un hombre de edad avanzada, comunario de El Choro.[15] Desde su infancia trabajó en la plantación de quinua y en el pastoreo principalmente. Su testimonio dio cuenta de la problemática del desvío del río Desaguadero para riego, desde su origen en el lago Titicaca hasta el Poopó.

Como en la región no hay agua potable desde los años 60 los comunarios de la región se dedican al riego desviando el río Desaguadero. A partir del riego se ha mantenido al ganado y se pudo plantar quinua, cebada, cebadilla y alfalfa. El río Desaguadero ahora está seco por la colmatación de sedimento pero también por los desvíos del río por parte de los comunarios en regiones como Saucarí, cerca del pueblo de Toledo.

Octaciano ocupó el cargo de corregidor, agente, patrón de la fiesta, en el registro civil y en el padrón electoral. Sin embargo, se queja  de que las autoridades jóvenes no escuchan ahora su experiencia y solo ellos quieren tomar decisiones. El trabajo más urgente, enfatizó, es el reencauce del río Desaguadero. Esta demanda no es nueva, es una exigencia desde 1994 o 1995. Es necesario hacer el reencauce desde el lago Titicaca, fuente del Desaguadero, pues desde ahí es desviado para el riego.

Con la ayuda de algunas embajadas se realizó el proyecto “Cuenca Poopó”[16] que tenía como objetivo el reencauce del río Desaguadero. Sin embargo Octaciano lamenta que el proyecto está siendo utilizado para desviar el río a otros lugares.  Pregunté  por la gran sequía de la década de los 60  y me respondió que efectivamente pasó pero que él no la presenció. Parafraseándolo,  fue una sequía total,  la gente tuvo que emigrar porque no había producción. Cuando la sequía pasó vino una inundación. Se dice que esta llega cada 50 a 100 años. Sin embargo, a diferencia de esas sequías, hoy en día el lago está demasiado colmatado. Antes, comenta, el lago conservaba su profundidad. ¿El lago puede regresar? “Hay que seguir trabajando”.

Conocí a Gerardo Loayza Chinche quien me llevó en su motocicleta hasta Puñaka Tinta María, una de las tres comunidades urus de la región. Antes de dirigirnos ahí fuimos a su casa para que recogiera algunas cosas. Las paredes de su vivienda estaban llenas de afiches y calendarios del MAS-IPSP (Partido del actual gobierno “Movimiento Al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos”)[17]. Hablamos un poco del gobierno y me mostró una fotografía suya del 2005 en la que estaba sentado en la mesa de un congreso al lado del actual presidente Evo Morales, el vicepresidente Álvaro García Linera y una señora en pollera.  Ya en confianza empecé a hacerle más preguntas sobre su opinión sobre el gobierno a lo que él me respondió que ya ha renunciado a este. Comentó que en los tiempos de la fotografía los movimientos sociales le “rogaron” a Álvaro García Linera para que sea candidato junto a Evo, pero ahora es él quién gobierna el país “tras bambalinas”. Por último me mostró su credencial de suscripción al partido político Sol.Bo (Solidaridad y Libertad para Bolivia) por ser seguidor del político aymara Félix Patzi, actual gobernador del departamento de La Paz y posible candidato a la presidencia el 2019.

Puñaka Tinta María es una de las tres comunidades de urus muratos de la región, las otras dos son  Llapallapani y Vilañeque. Está ubicada en las faldas de una cordillera cercana al espejo del lago. Es una comunidad bastante pequeña, rodeada de cultivos y compuesta de casas circulares hechas de adobe y techos de paja. Algunas de las casas están hechas de cemento y techo de tejas pero mantienen la forma circular. Estas últimas fueron una entrega del gobierno como parte del programa social “Vivienda social y solidaria nacional” destinada a sectores y pueblos marginados.[18] Algo que llama la atención a medida que uno se adentra en la comunidad es ver a las personas, desde ancianas hasta hombres jóvenes, trabajando en canteras de barro.
Imagen 2. Salinas Neri, Hugo Ernesto (Fotógrafo). Pesca en el Poopó (Fotografía). Enero de 2016. Fuente: Pacarina del Sur  
Al llegar buscamos una entrevista con don Daniel Moricio Choque, anciano de la comunidad. En su tienda de artesanías nos mostró pequeñas casas circulares hechas de totora (planta acuática característica de los lagos del altiplano andino). Nos dijo que de niño vivió con su familia de ocho integrantes en casas como esas a las orillas del lago. Cazaban aves, recolectaban sus huevos, pescaban y sus viviendas dependían de la vegetación del lugar.  Daniel nació en 1929, poco antes de que los aymaras de la región obligaran a los urus  a abandonar su lengua el puquina por ser según ellos “fea” y demandarles aprender el quechua o aymara para que pudieran integrarse a la región. Ahora entre los urus del lago el puquina es solo una colección de palabras dispersas.

Don Daniel no tardó en reclamar que los urus no tengan tierras para cultivar porque siempre se han mantenido exclusivamente del lago. Por ese motivo ahora con la sequía son los más afectados. Parafraseándolo, “nuestros padres no lucharon por tierra y este es el resultado”. Los cultivos que rodean a Puñaka Tinta María pertenecen a los aymaras de las comunidades aledañas.

Cerca de la casa de don Daniel estaban dos jóvenes arreglando una motocicleta. Uno de ellos accedió a una entrevista. Erasmo Suna Flores, comunario de Puñaka Tinta María nació en la comunidad en 1989 pero realizó sus estudios escolares en Machaka Marka.[19]Regresó a su comunidad en 1998 para dedicarse a la pesca pero hace aproximadamente dos años tuvo que migrar a Argentina porque esta actividad era insostenible. En el país vecino trabajó de costurero pero las condiciones de discriminación, la falta de libertad y la nostalgia de su familia lo incitaron a regresar. Ahora trabaja haciendo adobes juntos a su familia en pequeñas canteras de barro.

Después de Puñaka Tinta María nos dirigimos a la comunidad de Llapallapani al sudeste del lago Poopó. Llapallapani es una comunidad uru que tiene algunas lagunas artificiales para la cría de pescados así como algunos terrenos cultivables por lo que es evidente que están en una mejor situación respecto a Puñaka Tinta María. Así mismo es clara la diferencia entre Llapallapani -por lo menos en términos de infraestructura y posesión de terrenos- y su vecino Huari, pueblo mayoritariamente aymara que alberga una de las principales fábricas de cerveza  del país.

Llapallapani cumple algunas características que ya habíamos observado en Santa María y Puñaka Tinta María, como por ejemplo  estar parcialmente abandonada. Sin embargo los comunarios están intentando extender sus cultivos al espejo de lo que era lago, lo cual todavía no logran por lo salitrosa que es la tierra.

Conocimos a Cosme, adulto joven, padre de familia y ex pescador.  Nos comentó que por la falta de una fuente de ingreso los urus han buscado trabajar de jornaleros en la provincia y otros departamentos.[20] Es por ello que ahora quieren tierra para el cultivo pero lamentablemente no existe apoyo para tal fin. Sobre cómo era la pesca, Cosme nos comentó que  llevaban su anafe lago adentro para cocinar pescados o aves así “como vivimos en el hogar”. Dependiendo de los resultados de la pesca por lo general se quedaban una semana o dos lago adentro, saliendo a la orilla un día -para que sus esposas se llevan el pescado- y al día siguiente no.  Se llevaban agua en bidones y hojas de coca para pescar en la noche y dormir de día.

Sobre las sequías Cosme recuerdo que hubo una en 1993 cuando el lago estaba lleno. El lago regresó el 2000. La nueva época del lago duró cinco años y después empezó a decaer gradualmente por la falta de lluvias. Mencionó el ventarrón que secó por completo el lago el 2014 y que las autoridades no respondieron. Fueron a exigir la declaración de desastre natural pero en ese momento no se hizo nada. Solo  por el seguimiento de la prensa a fines del 2015 se emitió la Ley de Declaratoria de Desastre.[21] Para Cosme las causas de la sequía son la falta de lluvias, el desvío del río Desaguadero (Choro, Saucarí, Toledo) por parte de los regantes y por el desvío del río Mauri a la altura del Perú.   Sobre los aymaras nos dijo que están en su derecho de regar pero también deben dejar agua para el lago. También aseveró que los aymaras del El Choro y Saucarí discriminan a los urus dentro del lago, actuando como si fueran dueños de este, por lo que parte de la lucha de los urus es que los aymaras no entren al lago porque  ellos tienen terrenos y ganado.

Cosme ve difícil que el lago pueda recuperarse por la contaminación, sobre todo la proveniente de la mina de Huanuni que mediante el río de Machacamarca desemboca en el río Desaguadero.  Una solución que ha buscado la gobernación a la sequía es hacer más profundo el río Desaguadero para que llegue agua de forma más directa al lago, sin embargo un proyecto de esas magnitudes va a tardar mucho. Las nuevas generaciones de urus –comenta Cosme- están pensando en cómo afrontar el problema viendo aquí en  adelante sin depender demasiado del lago; se considera el uso de lagunas artificiales para cada familia sin embargo el apoyo de la gobernación solo ha alcanzado a cinco lagunas para toda la comunidad. Asimismo los urus se apoyan en algunas organizaciones no gubernamentales para llevar a cabo algunos proyectos como por ejemplo el turismo y la venta de artesanías.

Los urus marcharon el 2013 en La Paz en demanda de tierra y territorio en el lago Poopó. Denunciaron que por “usos y costumbres” se suele relacionar a los urus exclusivamente con la vida del lago, pero como pueblo tienen derecho a usar el terreno para sembrar y no solo los aymaras. Lamentablemente no fueron escuchados. Hoy en día siguen en esa lucha mediante un proyecto de ley para recuperar los terrenos cerca del lago. 

Por último afirmó que para los urus no hubo proceso de cambio con el nuevo gobierno, que quizás en otras partes sí, pero en sus comunidades no sienten que algo haya cambiado. Incluso afirma que algunas autoridades se han acercado para demandarles su voto a cambio de recibir proyectos. Cosme pide que los apoyos destinados a otras regiones (como canchas de fútbol, casas, etc.) lleguen también a los urus.
 Imagen 3. Salinas Neri, Hugo Ernesto (Fotógrafo). Urus de Puñaka Tinta María (Fotografía). Enero de 2016. Fuente: Pacarina del Sur 

En este punto valdría le pena detenerse en el conflicto entre urus y aymaras. Si bien ambos grupos son vulnerables a las inclemencias de la sequía y la contaminación minera, las diferencias entre ambos grupos modifican la magnitud del daño que sufre cada uno. Por un lado los aymaras en tanto agricultores, poseedores de ganado y pescadores se ven afectados por la sequía por lo que optan por mantener dentro de lo posible el trabajo agrícola, trabajar por jornadas en diferentes ramas laborales (minería, albañilería, transporte, entre otros) en los centros mineros cercanos o recurrir a la migración. Por otro lado los urus, con nada o muy poca tierra cultivable, se ven obligados a la migración, jornadas laborales en los centros mineros cercanos y hacer adobes. Esta diferencia que deja a los aymaras en una situación preocupante pero a los urus en una bastante vulnerable, aumenta el conflicto en torno a la posesión de la tierra. Así mientras los aymaras buscan elevar sus condiciones de vida actuales los urus buscan mínimamente tener el nivel de vida que “gozan” hoy los aymaras. Mientras que los aymaras tienen una visión  amplia del problema y retoman a los urus dentro de sus reclamos, los urus parecen enfocar más sus esfuerzos en señalar sus problemas con los aymaras por quienes se sienten más inmediatamente atropellados y discriminados. Gerardo Loayza -hijo de padre aymara y madre uru-, quien es muy sensible a la situación de los urus, ha intentado reunir a ambos grupos para trabajar juntos, sin embargo entiende la molestia de los urus que no solo tienen que vivir rodeados por cultivos ajenos, sino que son discriminados desde hace décadas por los aymaras quienes los consideran un pueblo “flojo” e incluso salvaje. Por el otro lado -como hemos visto- los aymaras alegan por el bienestar de los  urus y afirman haber cedido terrenos a los urus en ocasiones anteriores pero que estos se dedican solamente a buscar dádivas del gobierno y no a trabajar.

Si bien el problema entre ambas naciones se  vio agudizado por la sequía, en realidad el conflicto es bastante añejo. Investigaciones sobre el tema muestran como el conflicto entre aymaras y urus  ha sido resultado de un proceso histórico largo. La etnohistoria en Oruro muestra que los urus estaban dispersos por todo el territorio del departamento, constituyendo un pueblo tanto terrestre como lacustre. Sin embargo, el avance de otros pueblos agro-pastoriles y o el Estado nación los confinó a la zona lacustre.[22] A la llegada de los españoles los urus ya constituían un pueblo subalterno frente al Estado Inca. Las nociones de estos últimos sobre los urus fueron heredados por los españoles quienes los describieron como sucios, toscos, flojos y sin gobierno. 

Polo de Ondegardo (1657), en su visita a Paria, identificó la industria lanera mantenida por fuerza laboral uru. La industria lanera representaba la base de tributación uru, ya que ellos no podían realizar otras tareas por considerárseles inferiores. Polo percibió que la diferencia de tributación entre urus y aymaras se debía a sus diferencias culturales. Los urus, pese a que constituían la mayor parte de población, sólo pagaban 2000 pesos, en tanto soras y kasayas (aymaras) pagaban 9000. (Zdenka de la Barra Zaavedra, Lara Barrientos, Coca Cruz, 2011: 35)

Con la independencia de Bolivia en 1825 los urus ocuparon el lugar de los olvidados dentro de la estructura nacional. El nacimiento de la República mantuvo en gran medida las estructuras coloniales pero inauguró nuevas relaciones entre el Estado moderno y los diferentes pueblos indios. Si en el periodo anterior los urus fueron confinados a la zona lacustre, en la República es que se forjó su relación exclusiva con el lago. En cambio los pueblos agropastores, discriminados y explotados por el criollo, tuvieron ciertos privilegios frente a otros pueblos indios por ser la principal fuente de ingresos del Estado: el tributo agrario. De este modo para el Estado republicano del siglo XIX solo contaban los “indios tributarios y propietarios de tierras; los desposeídos de este recurso simplemente no existían”.[23]

Este reconocimiento diferencial del Estado es expresado por el hecho de que la apropiación por parte de los aymaras sobre las tierras de la región del lago Poopó se dio con el amparo legal.
Imagen 4. Salinas Neri, Hugo Ernesto (Fotógrafo). Cosme y su familia. Urus de Llapallapani (Fotografía). Enero de 2016. Fuente: Pacarina del Sur  

Junto a la desposesión de los medios de producción estuvo la discriminación étnica que sufrieron los urus. Aparte de las etiquetas negativas que vimos más arriba con las que se presentan a los urus, está el ejemplo de la palabra “murato”. Por un lado se afirma que los llaman urus muratos porque fue el apellidos de Miguel García Morato, “(...) quien en el siglo XVII otorgó títulos de propiedad del lago a los urus”[24]; sin embargo por otro lado la palabra estaría relacionada al color de piel de lo urus que es más oscura que la de los aymaras. “Murato” derivaría de morado.[25]

Ambos medios de explotación, desposesión y discriminación, dieron como resultado la “naturalización” de los urus del Poopó como pueblo que vive exclusivamente del lago por lo que por “usos y costumbres” -parafraseando a Cosme- estarían impedidos de acceder a otros medios de subsistencias y por lo tanto de afrontar la sequía actual.

Como conclusión podemos hacer una periodización de las sequías del lago Poopó basada en testimonios orales. Primero se tiene una gran sequía de la de cada de los 60 que duró aproximadamente veinte años, sin embargo de esta los entrevistados solo escucharon hablar y no parecían muy seguros de ella; después un periodo en la década de los 80 en la cual el lago estuvo completamente lleno, auge en la pesca, etc. (todos los testimonios coincidieron sobre este período); una nueva sequía en los 90 - de la cual doy testimonio de ver imágenes exactamente igual de perturbadoras que las de la sequía actual en un pequeño folleto del 1993, elaborado por un investigador de Oruro, que me mostró don Daniel Moricio en Puñaka Tinta María; luego un pequeño auge del lago a inicios del 2000 -cuando Erasmo aprende a pescar- y finalmente una decaída gradual que inició por el 2006 y llega hasta el día de hoy; que si bien ya el 2014 se llamó la atención -como cuenta Cosme- sobre la necesidad de declarar catástrofe ambiental, fue hasta diciembre del 2015 que la noticia estalló en la prensa. Por lo tanto, en efecto, el lago tiene ciclos de sequías dependiendo de la cantidad de lluvia. Es probable que vuelva a llenarse pero cuánto tardará es algo que simplemente no se puede responder a ciencia cierta. Lo que sí se puede afirmar es que ciertos factores humanos han coadyuvado a la situación del lago o por lo menos a la condición dramática de los pobladores de la región; las desviaciones del río Desaguadero por parte de regantes, la colmatación del río y el espejo del lago  por sedimento minero producto de la ausencia de diques de colas[26], la sobre explotación de mineral por parte de las cooperativas mineras, el probable desvío de algunos ríos que alimentaban al río Desaguadero como el Mauri,  corrupción que desvía recursos provenientes de la ayuda internacional como el proyecto “Cuenca Poopó” y por supuesto la continuidad de poca o nula atención del Estado al problema. En términos bastante generales, retomando los testimonios de los habitantes de la región del lago Poopó, a estos problemas en lo inmediato es necesario responder con el tan solicitado dragaje del río Desaguadero y el espejo del lago; auditorías sobre el uso de recursos fiscales y de organismos internacionales destinados a mitigar los efectos de la sequías del lago; supervisión rigurosa de la existencia y construcción de diques de colas en la minas bajo control estatal (Corporación Minera de Bolivia - COMIBOL), empresas privadas y cooperativas; y programas sociales que apuesten a la producción local para apoyar a los habitantes del lago a hacer frente a las calamidades ambientales y al histórico abandono del Estado boliviano.

Sobre el conflicto que desencadenó la última sequía del lago, tanto hacia fuera como hacia adentro, podemos distinguir diferentes niveles. Uno amplio, nacional, en el cual grupos opositores al gobierno -de izquierda y derecha- utilizaron el argumento de la sequía para atacar al gobierno como único responsable de la catástrofe ambiental,  a lo que el gobierno respondió mostrando una preocupación parcial, aminorando el acontecimiento. Otro a nivel regional en el cual los pobladores de la región, tanto urus como aymaras, coinciden en que no se están haciendo los suficientes esfuerzos para aminorar las consecuencias de la sequía por lo que buscan difusión de la presa o cualquier medio disponible para destacar la inactividad de las autoridades del departamento de Oruro, el Ejecutivo y la corrupción sobre los programas internacionales como el proyecto “Cuenca Poopó”. Este “enfrentamiento” entre la región y lo que podríamos llamar la estructura estatal está provocando el vuelco de sus habitantes a otros partidos políticos, cuando Oruro era uno de los bastiones del MAS. Por último, un conflicto a nivel interétnico en el cual las relaciones desiguales entre urus y aymaras trastoca las posibilidades de su cooperación a nivel regional y muestra de un modo claro que la prioridad de los urus -el eslabón más débil en esta cadena de explotación y discriminación- es continuar con un proceso liberación frente a los aymaras.

También es posible trazar diferentes temporalidades al conflicto del lago Poopó. Uno de corta duración que apenas tiene poco más de un año desde diciembre del 2015, cuando se hizo masiva la información sobre la desaparición del lago, y una de larga duración que son las estructuras coloniales que organizan la región. Estas últimas dificultan en gran medida la superación de los problemas sociales; más allá del lago, de si regresa o no, son estas estructuras las que no solo están impidiendo que se teja en la región una relación más armoniosa y justa entre los grupos que la habitan, sino la cooperación en la lucha política por un objetivo común. Parafraseando a Max Gluckman (1968), “la oposición desigual entre los dos grupos (a la sequía) determina el modo de su cooperación.”[27]  En el escenario sociológico de la sequía del lago, las estructuras coloniales y de clase están impidiendo que ambas naciones respondan a los problemas de corto y mediano alcance dentro de lo que podría ser una larga sequía del Lago Poopó.[28]

Notas:
[1] Nací en Cochabamba, Bolivia, en 1992. Cursé mis estudios colegiales en el Instituto de Educación Integral y Formación Artística Eduardo Laredo y salí bachiller el 2011. Los estudios universitarios los cursé en la Escuela Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México del 2012 al 2016, en la licenciatura de Antropología Social. Actualmente elaboro mi tesis de antropología social en torno a un análisis de las autonomías indígenas como manifestación del derecho a la libre determinación en el Estado Plurinacional de Bolivia. Correo: ahuancars@gmail.com
[2] “El lago Poopó se secó”. El Diario [Oruro] 16/12/2015. Online disponible en: http://www.eldiario.net/noticias/2015/2015_12/nt151216/nacional.php?n=34&-el-poopo-se-seco
[3] “Evo Morales asegura  que sequía en el  Poopó es cíclica”. La Patria [Oruro] 21/12/2015. Online disponible en: http://lapatriaenlinea.com/?nota=242721
[4] Este trabajo fue elaborado para el curso “Escuela de Manchester” impartido por el Dr. Leif Korsbaek en la licenciatura de antropología social de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. El trabajo de campo fue realizado en el mes de enero del 2016 por el colectivo Chimba Producciones. El grupo estuvo integrado por  Hugo Salinas Neri y Horacio Jiménez como cineastas y mi persona  como antropólogo.
[5] “Artículo 3. La nación boliviana está conformada por la totalidad de bolivianas y los bolivianos, las naciones y pueblo indígena originario campesinos, y las comunidades interculturales y afrobolivianas que en conjunto constituyen el pueblo boliviano.
Artículo 5. Son idiomas oficiales del Estado el castellano y todos los idiomas de las naciones y pueblos indígenas originario campesinos, que son el aymara, araona, baure, bésiro, canichana, cavineño, cayubaba, chácobo, chimán, ese ejja, guaraní, guarasu'we, guarayu, itonama, leco, machajuyai-kallawalla, machineri, maropa, mojeño-trinitario, mojeño-ignaciano, moré, mosetén, movima, pacawara, puquina, quechua, sirionó, tacana, tapiete, toromona, uru-chipaya, weenhayek, yaminawa, yuki, yuracaré y zamuco.” Constitución Política del Estado, aprobada en el referéndum de 25 de enero de 2009 y Promulgada el 7 de febrero de 2009. U.P.S. La Paz.
[6] Berghe, Pierre L.  Van den, “Plural Society”, Honigman, John J. (ed.), Handbook of social and cultural anthropology, Chicago, Rand McNally, 1973, p. 961. Citado por Leif Korsbaek y Florencia Mercado Vivanco. “La sociedad plural y el pluralismo jurídico, un acercamiento desde la antropología del derecho” en José Emilio  Rolando Ordóñez Cifuentes (coord.) Pluralismo jurídico y pueblos indígenas XIII Jornadas Lascasianas Internacionales, UNAM, 2005.
[7] Imagen retomada de la página web Centro Digital de Recursos Naturales de Bolivia. Disponible en: http://cdrnbolivia.org/mapas_es.htm Los señalamientos en rojo son míos.
[8] Lamentablemente muchos del material audiovisual se encuentra en manos de mis colegas por lo que por ahora no puedo recurrir a ellos. Presento de esta ocasión lo que tengo anotado en la libreta.
[9] Imagen retomada de la página web Mongabay. Disponible en: https://es.mongabay.com/2016/02/en-bolivia-el-segundo-lago-mas-grande-se-desvanece-debido-a-la-desertificacion-y-la-contaminacion/  Los señalamientos en rojo son míos.
[10] Automóvil modelo Toyota Hiace.  
[11] Entrevista a Juan Rene Alves, corregidor de Santa María, realizada por Andrés Huanca Rodrigues, Santa María, Oruro, enero del 2016. Tema: La estructura política de Santa María y la sequía del lago Poopo.
[12] Juan Rene Alves no me especificó a que río se refería y no pregunté al respecto. Podría haberse referido al río Mauri del que habló Max Calizaya así como a las múltiples desviaciones que se han hecho al río Desaguadero desde la altura del lago Titicaca hasta el mismo Poopó por parte de los agricultores.
[13] Entrevista a don Félix, pescador de Santa María, realizada por Hugo Salinas Neri, Horacio Jiménez y Andrés Huanca Rodrigues, Santa María, Oruro, enero del 2016. Tema: La pesca en el lago Poopó
[14] Entrevista a Juan Bautista, dirigente de Challapata, realizada por Andrés Huanca Rodrigues, El Choro, Oruro, enero del 2016. Tema: La sequía del lago Poopó y la indiferencia del gobierno.
[15] Entrevista a Octaciano Chambi Chinche, comunario de El Choro, realizada por Andrés Huanca Rodrigues, El Choro, Oruro, enero del 2016. Tema: Pasajes biográficos y el río Desaguadero.
[16] “El Gobernador Santos Tito Véliz entregó cheques para el financiamiento de seis proyectos en el marco del programa de Gestión Sostenible de los Recursos Naturales de la Cuenca del Lago Poopó, a proyectos y acciones con fondos de subvención, que se ejecutaran en los municipios de Poopó, Pazña, Huanuni, Antequera, Machacamarca, Challapata, El Chorro, Soracachi y el municipio de Oruro, cuya inversión total alcanza 3.639.915.88 Bs”. Gobierno Autónomo Departamental de Oruro. Programa de la Cuenca del lago Poopó de la Gobernación entregó recursos  para seis proyectos (2). Disponible en: http://www.oruro.gob.bo/index.php/14-proyectos/125-programa-cuenca-del-lago-poopo-de-la-gobernacion-entrego-recursos-para-seis-proyectos-2
[17] Partido político del actual gobierno.
[18] Cfr667 familias se benefician en Oruro con viviendas sociales. Disponible en: http://casasbolivia.blogspot.mx/2013/11/667-familias-se-benefician-en-oruro-con.html y “Programa de vivienda social invirtió Bs. 101 millones en Oruro”. La Patria [Oruro] 30/11/2013. Online disponible en: http://www.lapatriaenlinea.com/index.php/function.session-start%3Ft=tipnis-marchaindigena-decide-llegar-a-yucumo-y-se-teme-enfrentamientos&nota=82921?t=programa-de-vivienda-social-invirtio-bs-101-millones-en-oruro&nota=165273
[19] Entrevista a Erasmo Suna Flores, Ilakota (autoridad uru segundo al mando) de Puñaka Tinta María, realizada por Andrés Huanca Rodrigues, Puñaka Tinta María, Oruro, enero del 2016. Tema: Migración a la Argentina y periodos de la sequía.
[20] Entrevista a Cosme Choque, pescador de Llapallapani, realizada por  Hugo Salinas Neri, Horacio Jiménez y Andrés Huanca Rodrigues, Llapallapani, Oruro, enero del 2016. Tema: La pesca en el lago y la situación de los urus.
[21] “Promulgan ley que declara desastre en el lago Poopó” En: Erbol digital, [Oruro] 18/12/2015. Online disponible en: http://www.erbol.com.bo/noticia/social/18122015/promulgan_ley_que_declara_desastre_en_el_lago_poopo
[22] Zdenka de la Barra Zaavedra, Sigrid; Lara Barrientos, Guillermo Marcelo; Coca Cruz, Rene Óscar, (2011). Exclusión y subalternidad de los urus del lago Poopó. Discriminación en la relación mayorías y minorías étnicas. La Paz, PIEB.
[23] Ibídem. P. 38.
[24] Ibídem. P. 42
[25] Ambas hipótesis se basan en los relatos de don Daniel Moricio.
[26] Se espera que en febrero del 2017 se concluya la construcción del dique de colas del distrito minero Huanuni. Rocabado Paniagua, Sergio. “Construcción del dique de colas de Huanuni culminará en febrero de 2017” En: Radio Pio XII  [Oruro] 10/05/2016. Online disponible en: http://www.radiopio12.com.bo/index.php/en-la-mira/1237-construcci%C3%B3n-del-dique-de-colas-de-huanuni-culminar%C3%A1-en-febrero-de-2017
[27] Gluckman, Max (1968). Análisis de una situación social en el páis Zulú moderno, Manchester, Manchester University Press, (segunda edición, primera impresión 1958). pp. 21. Traducción de Leif Korsbaek, Karla Vivar Quiroz & María Fernanda Baroco Gálvez; la traducción ha sido revisada por Marcela Barrios Luna.
[28] La llegada de lluvias en enero del 2017 trajo cierta esperanza de que el lago se recupere, sin embargo a inicios de febrero el mismo presidente Evo Morales reconoció que el lago volvía a secarse. Cfr.  “El desaparecido lago boliviano Poopó vuelve a tener agua (FOTOS)”, RT Noticia 12/01/2017. Online disponible en: https://actualidad.rt.com/actualidad/228297-desaparecido-lago-boliviano-poopo-volver-agua, “Evo alerta que el lago Poopó vuelve a secarse”. Los Tiempos [Cochabamba] 12/02/2017. Online disponible en: http://www.lostiempos.com/actualidad/nacional/20170212/evo-alerta-que-lago-poopo-vuelve-secarse

Cómo citar este artículo:
HUANCA RODRIGUES, Andrés, (2017) “La sequía del lago Poopó y su conflicto”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 31, abril-junio, 2017. ISSN: 2007-2309.Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/oleajes/1475-la-sequia-del-lago-poopo-y-su-conflicto#_ednref1 - Prohibida su reproducción sin citar el origen.
  
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Fotografía: Pescador en el Poopó/REUTERS