Friday, November 24, 2017

El fútbol y sus profetas rebeldes y libertarios

MAURIZIO BAGATIN

“El futbol es el arte de comprimir la historia universal en 90 minutos” -George Bernard Shaw-

“La pelota es como una mujer, ama las caricias” -Eric Cantona-

“Cada vez que un chico patea algo en una calle, allí empieza la historia del fútbol”  -Jorge Luis Borges-

Una religión en busca de un dios, esta definición que puede desorientar a moros y a cristianos, no puede lograrlo con los chicos nacidos después de la llegada de la tele: pero una larga mirada hacia atrás nos conduce en la China del XI siglo antes de Cristo, durante la dinastía Han, con el nombre Tsu-chu se practicaba un deporte con una pelota rellenada de plumas o de cabellos de mujer, el juego consistía en meter solamente con el uso de los pies la pelota adentro de una arco hecho de cañas de bambú: durante la dinastía Han era considerada una actividad física fundamental. Todas las grandes civilizaciones empezaron a popularizar el deporte jugado con la pelota. Seiscientos años más tarde que en la China, en Japón se jugaba un deporte similar, llamado Kemari, la mayor diferencia con el fútbol moderno es que la pelota no debía tocar el suelo. Los aztecas, por ejemplo, se dice que practicaban el Tlachtli, una mezcla entre tenis, fútbol y baloncesto en el que se prohibía el uso de las manos y los pies y el capitán del equipo derrotado era sacrificado. Para el pueblo azteca, el Tlachtli era una actividad de gran importancia y lo demuestra principalmente la localización del terreno de juego, normalmente situado en el terreno sagrado, ya que el juego tenía una finalidad religiosa. Además de ser un ritual, su importancia se ampliaba al terreno político y el económico. Noticias de una actividad lúdica ejercida con una pelota nos conduce a los poemas homéricos, los griegos practicaban un juego llamado Sferomachia, deporte que con el tiempo fue adoptado por los legionarios romanos, transformándolo en un método de entrenamiento para los guerreros: el Harpastum, literalmente rasgar con fuerza, se jugaba en canchas arenosas, por dos equipos con igual número de jugadores, con una pelota rellenada de pieles o de trapos, el fin era llevar la pelota más allá del borde de la cancha adversaria. Este deporte tuvo un gran suceso entre los legionarios que lo difundieron en varias zonas del Imperio Romano. En Florencia se jugaba lo que hoy conocemos como el Calcio Storico Fiorentino: en una cancha rectangular rellenada de arena, durante cincuenta minutos veintisiete “carcianti” por cada equipo se desafiaban como antecesores de un deporte de caballeros jugado por hooligans. El prototipo del fútbol, como lo conocemos hoy, nació el 24 de octubre del 1857 con la fundación del Sheffield Football Club, el club de fútbol más antiguo que aún participa en la Northern Premier League Division One South, de Inglaterra. Pero fue John Alexander Brodie, un ingeniero civil, a darle en el 1889 el toque futbolístico, eliminando su matriz rugbística. Su visión modernizadora, le permitió la introducción de las mallas, y cambió para siempre el sabor de anotar un gol, absolutamente normal hoy pero profundamente revolucionario a la época. Desde aquella final de la FA Cup del 21 marzo del 1891, jugada en el Oval de Londres, el fútbol inició su irrefrenable trayectoria de una religión en busca de un dios.

Y aunque al horizonte no veamos ningún Olimpo digno de una poesía, a veces fanática y a veces inocente, a veces codiciosa y a veces parsimoniosa, muchos profetas rebeldes y libertarios han entusiasmado, han hecho delirar, reír y llorar a millones de fieles del deporte más popular en el mundo.

No sé imaginar un jugador excéntrico de Tsu-chu, uno lleno de fantasía que jugara Kemari o  Tlachtli, un griego armonioso que jugaba a la Sferomachia o un legionario que deliciaba el público que asistía a los interminable partidos de Harpastum… hasta donde la memoria alcanza memoria, recuerdo los fabulosos dribbling de Garrincha, llamado el pajarillo Mané, que embriagaba los adversarios con una elegancia chocante: él se tomaría luego toda la cachaza necesaria para ahogar toda la tristeza y cantarle a la vida toda la prosa que la sola cancha de fútbol no pudo ofrecerle, como un samba, para la sola esperanza de un día no ser más triste.

Y George Best, el irlandés del norte, que fue el quinto Beatle, excéntrico goleador en las canchas inglesas y The Best entre rubias y alcohol, gastándose todo el dinero y el futuro, pero deleitando los fans de la fantasía y del buen juego con su acrobático paralelismo entre sus jugadas y su vida. Ganó emblemáticamente el Balón de Oro en 1968, el año de las revueltas estudiantiles, y su refrain más famoso fue: “si el fútbol es arte, entonces soy un artista.” Existen dos maneras para recordar a George Best, la primera os causará ira, remordimiento y dolor por no haber visto a este inmenso jugador exprimir todo su formidable e inalcanzable talento, la segunda os donará alegría, un increíble estado de éxtasis y el privilegio de haber podido admirar uno de los más grandes artistas deportivos jamás aparecidos en el planeta, así un gruñón periodista deportivo quiso homenajear al joker irlandés.

Omar Sivori, sangre y arena, azúcar y cicuta del futbol, era el cabezón, en Argentina con Maschio y Angelillo formaba el trio de los ángeles con la cara sucia, que ganó el Sudamericano del ’57, conquistó Nápoles antes de la otra cara sucia, Diego Armando Maradona, en la Vecchia Signora con Boniperti y John Charles (el único que con un cachetazo lograba calmar sus turbulentos excesos…) formó el trío mágico y aunque no podía ser la imagen del equipo, con sus jugadas pícaras (fue uno de los inventores del túnel: el caño), un poco artista y un poco diablo, divertía plebe y aristocracia: amable hasta la suavidad, después de algunos segundos se ponía hasta brutal. Jugó el Mundial de Chile de 1962 pero se cuenta que no quiso jugar la Batalla de Santiago, debido a la fuerte tensión que adentro del estadio se había creado ya antes del partido; ganó el Balón de oro en 1961.

Para Johann Cruyff la calidad sin resultados es inútil y los resultados sin calidad son aburridos. Cruyff, el Ajax y la Holanda de Rinus Michels a final de los años sesenta revolucionaron el fútbol, y será una revolución también estética: la feliz síntesis de individualismo y colectividad llega a parecerse a una anarquía organizada, porque para volverse verdaderamente revolucionaria, la anarquía necesita de una racionalización, debe organizarse e disciplinarse para ser eficaz, esta revolución se llamará Totalvoebal, el fútbol total. Y si Michels fue la mente visionaria, Cruyff se hizo profeta de esta revolución. El muchacho de Ámsterdam, siempre contra toda forma de abusos, de mezquindad y de falta de belleza, encantó el público de un equipo fundado en un barrio popular de la ciudad de los países bajos, el Ajax y con el equipo nacional formó parte de la naranja mecánica, jugando una final de un mundial en el ’74 y rechazando la participación en el mundial del ’78 porque Argentina estaba bajo una dictadura militar. Todo su esprit libre logró exportarlo al Barcelona, ciudad ideal para plasmar calidad y resultados, y ciudad que lo adoptó enteramente: su hijo ya tenía nombre antes de haber nacido y este nombre era Jordi, el nombre catalán más popular, pero en aquellos años el dictador Franco era aún vivo y estaba prohibido bautizar con aquel nombre en la España franquista, entonces Johan llevó su esposa a dar a la luz su hijo en Ámsterdam, allí fue bautizado con el nombre catalán de Jordi. Otro resultado de calidad del profeta del gol.

Lo llamaban el George Best italiano, el caballo loco, Zigo-gol, Gianfranco Zigoni debutó con la Juventus cuando tenía 17 años y de esta experiencia lamenta solamente el haberse cortado los cabellos, una melena absolutamente prohibida en aquello tiempos para los que eran jugadores del equipo de los Agnelli; el rebelde con un corazón grande se presentaba a los entrenamientos con un tabarro de piel y con una pistola acomodada en los jeans, en la noche tomaba su Porsche y se iba a escuchar a Piero Ciampi, la voz más anárquica de aquella época: whisky y puerilidades, libertad y revolución eran sus sueños y sus acciones diarias. Soñaba con morir en una cancha de fútbol con la camiseta del Hellas Verona, se imaginaba el sensacionalismo en los periódicos, la recolección de firmas para cambiar el nombre del estadio de la ciudad de Romeo y Julieta… después de un Juventus-Real Madrid, el defensa madrileño Santamaría, que salió enloquecido por las jugadas del nº 11 juventino, dijo a la prensa que este demonio es mejor que el negro, refiriéndose nada menos que a Pelé. Con más de setenta años enseña fútbol a los chicos de su ciudad natal, la Opitergium (la actual Oderzo) fundada por los romanos.

“Questa non è una fiaba per bambini, è una storia vera da matti”.  “Ma nulla cambierei, nemmeno l’ombra di una virgola”. (Esta no es una fábula para niños, es una verdadera historia de locos. Pero no cambiaría ni la sombra de una coma) es la poesía que Ezio Vendrame mas adora, es de Federico Tavan, un poeta un poco maldito y un poco soñador… y él un poeta del fútbol, un pasoliniano (nació en la misma Casarsa della Delizia de la infancia del Poeta) amante del vino y de las mujeres: eros y patear la pelota fueron el escape y el refugio a una infancia hecha de soledad (fue dejado por sus padres en un orfanato a la edad de seis años) hambre y miedo. Su espíritu al salir del orfanato se entregó totalmente al fútbol, pero fue con su primera experiencia profesional, en una ciudad con mujeres increíbles y generosas, que se preguntó si esta era la primera división… todo lo que muchos consideraban errores, han sido las cosas más maravillosas de sus vida. “Mi casa se parecía a un reparto de ginecología: las visitas empezaban a las 9 a.m. con la señora Giuliana, a las 11 llegaría Carla, a las 14 p.m la amiga Lella, a las 6 de la tarde era la hora de la belle de jour Fernanda, para terminar a las 22 con la novedad  de la semana. No me pregunten cuantos goles metí aquel año, pero aunque no se encuentren datos en ningún almanaque futbolístico, aquel año fui el máximo goleador”. Durante un Vicenza-Milán le hizo un caño a Gianni Rivera, el Abatino y el más amado por los hinchas del equipo lombardo, a lo cual pidió ser sustituido, el entrenador asustado por un eventual infortunio le preguntó que le había ocurrido, el friulano le contestó diciéndole que si le hizo un túnel al más grande jugador italiano del momento, valía la pena ser sustituido. Por la Navidad de un campeonato en los años ochenta, a los jugadores de la Sanvitese, equipo que estaba entrenando, regaló una confección de preservativos: a sus épocas el sida no existía y que era mejor usarlos que dejar la vida… o un huérfano.

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De SOCIEDAD DE AMIGOS CONTRA EL ESTADO, 07/03/2017


Fotografía: Gianfranco Zigoni

Thursday, November 23, 2017

El sol y la luna dicen lo suyo

JORGE MUZAM

Avanza mayo con patios alfombrados de hojas a medio podrir. La primera luz deja entrever la helada blancuzca sobre la hierba. Los troncos están resbalosos y lo que no alcanzó a congelarse embarra los pies y moja los tobillos. El cielo se torna intensamente azul antes de que el primer rayo solar traspase la cumbre de la montaña más baja.  Las manzanas siguen cayendo. Y las nueces. Y los membrillos. Los remanentes de uva negra son engullidos por los zorzales y las granadas bajas son desmembradas a picotazos por las gallinas. Hay desnudez progresiva de álamos, hojas amarillas planeando su fuga, plataneros imbuidos en Gustav Klimt. El frío matinal entumece manos y mejillas. Se atizan las brasas sobrevivientes de la noche anterior. Tablones húmedos, pinos astillosos, restos de un ciruelo que feneció de vejez o tristeza.

Jueves o viernes. Ocho o nueve de la mañana. Se descarga el celular y los calendarios de las paredes pueden ser de hace dos décadas. El tiempo en la montaña es un asunto sin importancia. El sol y la luna dicen lo suyo y eso basta para empinarse una chupilca que hace corcovear el ánimo. 

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De CUADERNOS DE LA IRA, 11/05/2017


Indro Montanelli, periodista de la historia

TULIO ELÍ CHINCHILLA

Cuando Silvio Berlusconi, Financiador de Il Giornale, incursionó en la política, el veterano Indro Montanelli renunció a este periódico, que había fundado como prensa centrada en la opinión.

A Montanelli se le conoce como el maestro del periodismo italiano del Siglo XX (ganó el Príncipe de Asturias a la Comunicación, 1996). El mundo intelectual lo valora por su ejercicio de reportear, como lo haría el más ameno corresponsal, las historias de Grecia, Roma y la Edad Media en forma vibrante, divertida y actual, pero sin sacrificar rigor y profundidad.

Permaneció fiel a su talante moral: había empezado como reportero “de la calle” durante el gobierno de Mussolini, pero su resistencia a congratularse con el Duce y doblegarse a los intereses alemanes le acarreó la pena capital, de la que logró escaparse con la colaboración de un jerarca católico. En seguida cubrió la Guerra Civil española como amigo del bando republicano, debiendo proteger a comunistas prófugos del peligro franquista. Sin embargo, más tarde sería el cronista solidario de la insurrección anticomunista húngara (1956) y de la libertaria Primavera de Praga. En 1977 fue baleado por las Brigadas Rojas, pero, con nobleza, visitó a sus victimarios en el lugar de reclusión para estrecharles la mano y pedir que fueran indultados. Al final, rechazó el cargo de senador vitalicio que le ofreciera el presidente Cossiga.

Sus entrevistas y reportajes a grandes personajes fueron tan vívidos e impactantes, que inspiraron películas galardonadas (León Dorado de Venecia y nominación al Oscar). Con discreción y respeto (sin necesidad de cebar la curiosidad morbosa), el libro Personajes nos acerca a la mejor semblanza de Salvador Dalí mediante tres páginas descriptivas desde la perspectiva de Federico García Lorca, el entrañable amigo.

Su pluma jocosa hace sonreír cuando, por ejemplo, caracteriza a los atenienses como “las lenguas más viperinas del mundo clásico”. Al describir al misógino Hesíodo dice: “Según él, fue una mujer quien trajo todos los males a los hombres, que hasta aquel momento habían gozado de paz, salud y prosperidad: Pandora. Y entre líneas da a entender que, rascando un poco, se encuentra una Pandora detrás de cada mujer. De esto muchos críticos han deducido que debió haber sido soltero. Nosotros creemos, en cambio, que cosas semejantes sólo pueden escribirlas los casados”.

Indro Montanelli, escéptico y pesimista, se autodefinió como un “anarco-conservador”; un liberal-conservador, comprensivo de la eutanasia, crítico de Berlusconi y cuyo llamativo vaticinio fue: “Creo que la izquierda, como fuerza política, está bastante degradada. Pero, en compensación, enarbola una bandera que tarde o temprano volverá a encontrar un ejército”.

Aunque la Ley 918 de 2004 (re-promulgada como Ley 1016 de 2006) haya fijado como día del periodista el 4 de agosto, el mes de febrero es buena ocasión para rendir tributo a Indro, cuyo oficio fue: “hacer la historia del presente” (como diría Foucault en Vigilar y castigar) y hacerle buena corresponsalía a la Historia.

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De EL ESPECTADOR, 23/11/2012


Bolivia: un año en la cárcel por 35 gramos de marihuana

MARÍA JOSÉ FERREL SOLAR

Mariel salió de casa en el barrio de San Pedro de la ciudad de La Paz, Bolivia, para inscribirse al curso de postgrado universitario sin saber que pasaría un año y un mes para volver a dormir en su cama.  Esa mañana fue retenida con 10 cigarrillos de marihuana (35 gramos) en su cartera. Policías vestidos de civil la siguieron después de que la joven les compartiera dos porros a unos amigos con quienes se encontró en la calle.

Los policías la llevaron a celdas de El Alto después de dar vueltas en su patrulla durante dos horas por diferentes zonas de la ciudad; luego la trasladaron a celdas judiciales donde pasó su primera noche. Fue juzgada al día siguiente por incumplimiento al artículo 48, relativo al suministro de narcóticos, de la Ley del Régimen de la Coca y Sustancias controladas de Bolivia, más conocida como “Ley 1008”.

A cinco horas de la detención, el abogado contactado por  Simón, pareja de Mariel y único nexo con el exterior, le informó la situación: para poder salir rápido en libertad primaba el acceso a recursos económicos para “agilizar” (eufemismo típico para la micro-corrupción en Bolivia) los procesos correspondientes.

“Ha sido difícil porque no teníamos mucha plata. Tenía que estar todos los días ahí, insistiendo, preguntando para que por lo menos en el juzgado vean interés. En ese proceso ya haces conocidos y se mueve (el trámite). Me parece que sin plata y sin perseverancia el caso hubiera tardado mucho más”, dice Simón.

Para poder ser juzgada en libertad, Mariel debía presentar en el transcurso de 48 horas tres documentos legalizados de residencia, trabajo y estudio. Imposible si no se “agilizaba” su solicitud.

El juez dictaminó reclusión preventiva contra Mariel por “peligro de fuga” y la envió al penal de mujeres de Obrajes en La Paz hasta que “los peritos” del Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) presentaran pruebas de que en efecto era consumidora.

El “peritaje” fue realizado después de cuatro meses de detención. A Mariel le extrajeron pruebas de sangre, orina y cabello. La mujer pasó Navidad, Año Nuevo y su cumpleaños tras las rejas. Para probar judicialmente que solo era consumidora y no traficante, tuvo que pagar altas sumas de dinero que la llevaron a endeudarse. Ya excarcelada, Mariel dice que no ha vuelto a fumar marihuana y que vive en constante estado de paranoia: evita cruzarse con cualquier policía que encuentra en las calles.

“No quiero decepcionar a mi familia que tuvo que hacer muchos sacrificios por mí, realizaron hasta una kermesse para conseguir el dinero para todo el proceso penal. No tengo ni encendedor en mi cartera”, dice Mariel, que esperó nueve meses más debido a la retardación de justicia en Bolivia.

Como muchos detenidos por la Ley 1008, Mariel nunca realizó una denuncia ante los juzgados de corrupción ni ante el Ministerio de Transparencia, organismos encargados de dar seguimiento a los casos de extorsión en el sistema penal.

“No quiero hablar sobre la corrupción de la policía, ni de los juzgados, pero por ejemplo la mañana antes de mi primera audiencia judicial, la policía de civil que estaba en mi detención me dijo que si afirmaba –cuando el juez pregunte- que no habían vulnerado mis derechos –cosa que hicieron constantemente en mi detención- ella no presentaría mi celular como prueba en el juicio ya que en él había memes de marihuana en el álbum de fotos”.

Cuando finalmente se las programaban, las audiencias de Mariel nunca se concretaban: eran suspendidas porque el fiscal llegaba tarde, porque el juez no había sido notificado, porque había una marcha en las inmediaciones del juzgado, porque llegaron las vacaciones judiciales o porque era feriado de carnaval.

“Aquí no hay justicia. Estuve día tras día viendo el caso. Si no, se olvidan. El trato es una mierda, siempre hay excusas. Tu caso no avanza nunca a no ser que metas plata”, dice Simón, que admite haber realizado algunos aportes “simbólicos” para que empiece a moverse el proceso. “Hasta les llevaba salteñas y refrescos (al juzgado), ahí ya me querían, y finalmente veíamos avance. Con la Policía, (sucedía) lo mismo”.

La 1008, los consumidores y el microtráfico
Según la Dirección de Régimen Penitenciario en Bolivia un 68% del total de la población privada de libertad no tiene sentencia. La problemática de retardación de justicia y corrupción en Bolivia es tan grave que llevó en 2015 a la creación de la Asociación Nacional de Víctimas de la Injusticia y Corrupción.

Desde Oruro, una de las ciudades del llamado eje troncal boliviano, han sumado 5000 miembros, que se encargan de asesorar y ejercer control social sobre denuncias en contra de jueces, fiscales e incluso autoridades policiales que estarían cometiendo delitos contra la ciudadanía.

La apelación de Mariel fue aceptada y recibió una sentencia de tres meses en un centro de rehabilitación. Allí fue diagnosticada con una severa depresión, pero ningún problema de consumo de drogas.

Según los informes de entidades que trabajan en políticas públicas y problemas relacionados a sustancias controladas y poblaciones vulnerables en Bolivia, una de las peores situaciones que vive un usuario recreativo de marihuana es el duro trauma psicológico del proceso y la criminalización de los jóvenes.

A 30 años de su creación, la ley 1008 no especifica un gramaje mínimo, ni distinción entre estupefacientes. Además, debido a la ambigüedad de la redacción de sus artículos – “la cantidad mínima para consumo personal inmediato será determinada previo dictamen de dos especialistas”- se registran penas desproporcionales, yendo de tres a doce años de cárcel.

La desproporcionalidad de las penas fue cuestionada en 2016 por diversos organismos. Entre ellos la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), que a través de su portavoz Antonino di Leo recomendó a Bolivia penas proporcionales y alternativas al encarcelamiento para mujeres que comenten delitos menores de drogas, alegando que es una ley “draconiana y punitiva” que se ensaña con los eslabones más pobres de la cadena del narcotráfico, incrementa la pobreza, atenta contra los derechos humanos y vulnera a la población frente al delito.

Bolivia tiene datos alarmantes de desproporcionalidad de penas por microtráfico. Según el último informe de la Dirección General de Régimen Penitenciario, en el país existen tres veces más reclusas mujeres por delitos vinculados a narcóticos que el promedio global: esto quiere decir que un 39% de las mujeres privadas de libertad son mujeres que incurrieron en actos relacionados con la Ley 1008. De un total de 1.157 mujeres privadas de libertad, 448 están recluidas por delitos relacionados al narcotráfico.

Las campañas de prevención en el país se limitan al slogan “Di no a las drogas”. Por ejemplo, la campaña del Consejo Nacional de Lucha Contra el Tráfico de Drogas, bajo el lema “Hagamos bien las cosas”, promueve el fortalecimiento de lazos familiares y valores en la juventud, pero no brinda información sobre problemáticas de consumo de drogas.

La Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el problema mundial de las drogas (UNGASS) presentaron resoluciones, firmadas por Bolivia, donde debaten el cambio de políticas de drogas desde una perspectiva de salud y no securitista.

En cuanto a la región, Uruguay y México, están a la cabeza de las iniciativas recreativas. Colombia y Chile son punta de lanza en iniciativas medicinales y científicas.

En diciembre de 2016 el Ministerio de Gobierno, a través de su máxima autoridad, el ministro Carlos Romero, presentó ante una comisión de la Asamblea Legislativa su Anteproyecto para la modificación de la Ley 1008.

“El tema del gramaje lo dejamos a la definición de una norma técnica que seguramente responderá a parámetros técnico-científicos”, apuntó Romero, añadiendo que la nueva ley busca hacer una diferenciación entre los eslabones más débiles de la cadena de la droga y el gran narcotráfico.

En la misma semana de la presentación de este ante proyecto de Ley, el Ministerio Público informó sobre la sentencia de 12 años de cárcel para María R. por llevar 13 gramos de cocaína en sus bolsillos y ocho años para José A.B, con  21 gramos de marihuana.

*Esta nota fue escrita en el marco de la Beca Cosecha Roja. Fue publicada también en Páginasiete. Las fotos son gentiliza de Juan Gabriel Estellano.

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De COSECHA ROJA, 13/02/2017


Elección y plebiscito

HUÁSCAR SANDOVAL BAUER

El próximo 3 de diciembre es un día crucial para la democracia boliviana. Sin ánimo de dramatizar, ya que últimamente estamos viviendo muchos momentos cruciales, los bolivianos nos jugamos algunas cosas importantes. Si las primeras elecciones judiciales fueron un fiasco para el gobierno, estas no le van a la zaga, con el aditamento de que se están convirtiendo en un plebiscito que medirá el grado de credibilidad y legitimidad de Evo Morales y su gobierno.

La pretensión de Morales de perpetuarse en el poder, desconociendo la voluntad popular y pasándose por el forro la Constitución Política del Estado, nos ha llevado a esta situación. El gobierno del MAS, que en un principio parecía tener las cosas claras, aunque ilegales, pero claras, hoy parece un borracho con muyumuyu. A pesar de las puteadas del “jefazo”, los “hermanos plurinacionales” no dan pie con bola.

No voy a decir nada más de la elección de magistrados en sí misma, todos conocemos las consecuencias de tan “genial innovación” de los ideólogos del “proceso”. Lo importante es que los bolivianos, en esta ocasión, le digamos al gobierno que estamos hasta los cojones de la impostura, la mentira, la corrupción, la ineptitud, la prepotencia, la soberbia sin grandeza de esta tropa de canallas sinvergüenzas encaramada en el poder.

Las pocas semanas que faltan para la elección, no les quepa la menor duda, estarán llenas de cortinas de humo creadas por el gobierno y sus estrategas; es más, ya empezaron. Las sentencias del Tribunal Constitucional. La guerra del Twitter. Las infaltables denuncias contra el malvado imperio que conspira, junto a políticos de oposición, para frustrar los humanos deseos del “Divino”, violando su derecho a la gloria eterna en el altar de la patria. Veremos con que intentan sorprendernos más adelante.

El implacable e inmisericorde bombardeo mediático de propaganda gubernamental, al que nos vemos sometidos cotidianamente los ciudadanos, no será suficiente para arreglar la abollada figura del “líder”, esa ya no la arregla ni el mejor chapero.

¿Es el voto nulo anti-democrático? De ninguna manera, es un derecho constitucional, una forma de protestar y de quitarle legitimidad a un proceso lleno de chanchullos y de vicios desde sus inicios. También es una advertencia de que la paciencia y la tolerancia del pueblo tiene un límite, y en algunos casos ya se ha sobrepasado ese límite. Así que es mejor que el “insustituible” vaya pensando en ser sustituido, si no quiere terminar como alguno de sus amiguetes. ¡Tras las rejas!

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De INMEDIACIONES, 16/11/2017

Wednesday, November 22, 2017

CANGAPOL ATACA BUENOS AIRES

TOMÁS FALKNER

“Los caciques Cancapol y su hijo Cangapol, son unos pequeños soberanos de los demás. Cuando declaran la guerra se juntan inmediatamente con los Chuchuheches, Tehuelches y Guilliches, y con los Peguenches, que viven más al sur, poco más debajo de Valdivia.

Por sí mismos son pocos en número, teniendo gran dificultad en levantar 300 hombres capaces de tomar las armas, por causa de las viruelas, que redujeron el número de los Checheheches, y porque habiéndose juntado y pasado en las llanuras de Buenos Aires para atacar con una partida de Thaluheches cerca de la laguna de los Lobos al famoso D. Gregorio Mayu-Pilqui-ya, fueron vencidos por este, y obligados los que quedaron a retirarse al Vulcan con los vestidos, que por desgracia, poco antes habían comprado en Buenos Aires infectados de las viruelas. Disminuyéronse también mucho en las guerras con sus vecinos al norte los Picunches, Peguenches, y Taluheches, quienes aliándose, bajan algunas veces del lado de la Cordillera, y los sorprenden; en cuyo tiempo, no tienen otro recurso para librarse de los enemigos que atravesar el rio nadando, lo que los otros no pueden hacer; pero con la prisa y confusión de la fuga, dejan sus hijos detrás. Sin embargo, no son siempre estos ataques tan secretos que no tengan algunas veces noticias de ellos, y no escapen entonces muchos de la furia de esta bárbara nación, cuyo cacique Cancapol hace vanidad de mostrar a sus huéspedes montones de huesos, calaveras, etc. La política de este cacique es de mantener la paz con los españoles para que su gente pueda cazar con seguridad en los campos de Buenos Aires, dentro de las fronteras de Matanza, Conchas, Magdalena y las montañas, no permitiendo que las otras tribus pasen de Lujan, para mantenerla también al sur, a cuyo fin se ponen sus caciques y confederados a cazar en los meses de Julio, Agosto y Septiembre, en los parajes donde pueden observar los movimientos de sus enemigos, a quienes muchas veces atacan y destruyen, pero por esta razón jamás hicieron estos indios la guerra a los españoles, hasta el año de 1738 y cuyos motivos fueron los siguientes.

Los españoles, con poco juicio y mucha ingratitud, echaron de su territorio a Mayu-Pili-ya, el único cacique Taluheche que los estimaba, obligándole a retirarse a tal distancia que no pudiese recibir socorro alguno, expuesto a sus enemigos, hechos tales, defendiendo los territorios de los españoles del resto de sus paisanos y Picunches. Después de la muerte de este cacique, algunas partidas de los Taluheches y Picunches atacaron las caserías del rio Areco y Arrecife, guiados por Hencanantu y Carrulonco, adonde acudieron los españoles con su mariscal de campo D. Juan de San Martin para coger a los ladrones. Pero como llegaron tarde, se dirigieron al sur para no volverse con las manos vacías. Allí encontraron las tiendas del viejo Caleliyan con mitad de su gente, que no sabiendo lo que había pasado, estaba durmiendo sin la menor sospecha de peligro, y entonces sin examinar si estos eran o no los agresores, hicieron fuego sobre ellos matando, muchos con sus mujeres e hijos. Los demás despertándose, y viendo el triste espectáculo de sus mujeres y niños muertos, se resolvieron a no sobrevivir a tal perdida, y cogiendo las armas, vendieron sus vidas tan caro como pudieron; pero al fin fueron degollados con sus caciques.

El joven Caleliyan estaba entonces ausente; pero teniendo noticia de lo que había pasado, se volvió en ocasión que los españoles se iban retirando; y viendo a su padre, parientes y amigos degollados, resolvió vengarse prontamente, a cuyo fin llevando como unos 300 hombres, se hecho sobre la villa de Lujan, mató gran número de españoles, tomó algunos cautivos, y robó algunos millares de ganado. Sobre esto levantaron los españoles con toda brevedad casi 600 hombres de su milicia y tropa reglada. No pudiendo alcanzarle se volvieron alrededor de las lagunas de sal, y bajaron al Casuhati donde estaba el cacique Cangapol con algunos indios, que prudentemente se habían retirado. Hallándose chasqueados aquí, fueron por la costa hacia al Vulcan, donde encontraron una tropa de Guilliches, quienes no siendo enemigos, salieron sin armas a recibirlos, no teniendo la menor sospecha de peligro alguno. Pero sin embargo de esto, y de haber intercedido a favor de estos pobres, un oficial de la tropa española, fueron cercados, y tallados en piezas por orden del Mariscal de Campo, quien concluida esta victoria, marchó con su gente al Salado, que está cerca de 40 leguas de la ciudad, y casi 20 de las quintas o caserías de Buenos Aires, donde un cacique Tehuel, llamado Tolmichi-ya, pariente de Cangapol, amigo y aliado de los españoles, estaba acompañado bajo la protección del Gobernador Salcedo. Este cacique con la carta del Gobernador en la mano, y mostrando su licencia, fue muerto de un pistoletazo que le dio en la cabeza el Mariscal de Campo. Todos los indios tuvieron esta desgracia, quedando cautivas las mujeres y niños, con el hijo menor del cacique. Por fortuna el mayor había salido dos días antes a cazar caballos silvestres, con una partida de indios.

De tal manera exaspero esta cruel conducta del Maestre de Campo a todas las naciones de Puelches y Moluches, que tomaron al punto las armas contra los españoles, quienes se vieron de repente atacados desde las fronteras de Córdoba y Santa Fe, todo a lo largo del Rio de la Plata, frontera de 400 leguas; de modo que les era imposible defenderse, porque los indios se echaban en pequeñas partidas volantes sobre muchas villas y caserías a un mismo tiempo, y la luz de la luna impedía el descubrir su número; y así mientras los españoles los perseguían por una parte, dejaban los demás sin resguardo.

Cangapol, que con sus Tehuelches había vivido hasta entonces en gran amistad con los españoles, se irritó sumamente al ver la maldad ejecutada con su hijo, la muerte de sus amigos los Guilliches, la de su amado pariente, y otros, y manera indigna con que se trataron sus cadáveres; y aunque entonces tenía cerca de 60 años, salió al campo a la cabeza de miles de hombres compuestos de Tehuelches, Guilliches y Peguenches: se echó sobre el distrito de la Magdalena, distante cerca de 4 leguas de Buenos Aires, y repartió sus tropas con tanto juicio, que limpio y despobló, en un día y una noche, más de 12 leguas del país más poblado y abundante. Mataron muchos españoles, e hicieron cautivas un gran número de mujeres y niños, y robando además, pasadas de veinte mil cabezas de ganado, fuera de caballos. En esta expedición los indios solo perdieron un Tehuelche, el cual apartándose de los demás con esperanza de hacer presa, cayó en manos de los españoles. Cangapol hijo de Cacapol, fue perseguido y alcanzado; pero los españoles no se atrevieron a atacarle, aunque eran dos veces más numerosos, porque ellos y sus caballos estaban cansados, en una marcha de 40 leguas, sin tomar refresco alguno.

Los moradores de Buenos Aires, teniendo aviso anticipado de este ataque, por los fugitivos, se vieron en la más terrible consternación. Muchos oficiales militares corrían por las calles, en un estado de distracción, habiéndose llenado de gente las iglesias y casas religiosas, a donde se refugiaban, como si el enemigo estuviera a las puertas de la ciudad. Los españoles humillados con este golpe, quitaron la comisión al Mariscal de Campo, y nombraron otro en su lugar, levantando un ejército de 700 hombres que marcharon al Casuhati, no para renovar la guerra, sino para pedir la paz. Todo un año se pasó después de la última victoria, sin hacer cosa alguna: en cuyo tiempo los indios, con el cacique Cangapol a su cabeza, levantaron un ejército de cerca de 4.000 hombres, compuesto de aquellas diversas naciones, con el cual pudiera hacer frente a todos los españoles; pero sin embargo de estas ventajas, dieron oídos a la propuesta del nuevo Mariscal de Campo, a quien tenían por su amigo. Este, temiendo las consecuencias de una nueva guerra, ofreció entre otras condiciones, entregar todos los indios cautivos, sin más consideración que el redimir los cautivos españoles. Un jesuita misionero, que fue al campo español con algunos Checheheches y Tehuelches convertidos, representó vivamente que aquella condición era indigna e inadmisible, no evitando por este medio un próximo rompimiento. Propuso un cambio reciproco de prisioneros; pero fue tan grande el miedo de esta guerra, que no se hizo caso de su proposición, aunque muchos indios no pedían condiciones más ventajosas. Algunos caciques de los Tehuelches, que habían llevado consigo sus cautivos, inmediatamente los entregaron haciendo la paz, no entendiendo la proposición del Mariscal de Campo en otro sentido, que el de la mutua entrega de prisioneros. Los Moluches fueron por fin a Buenos Aires, y redimieron sus indios, y los de los Tehuelches, sin entregar los cautivos españoles que tenían. Desde entonces los Tehuelches, tentados con las esperanzas de presas, han hecho cada año incursiones en el territorio de Buenos Aires, robando mucho ganado. No obstante este ha sido el mayor daño que han hecho hasta el año de 1767, en que habiendo sido asaltados, renovaron la guerra y cautivaron mucha gente, de forma que de las escuadras españolas que los persiguieron, solo dos se escaparon: siguiéndolos luego y alcanzándolos largamente con un cuerpo mayor de tropas, el coronel Catani: pero les pareció más conveniente no molestarlos, temiendo les sucediese lo que a sus compañeros”.

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Tomado del libro: “Descripción de Patagonia y partes adyacentes de la América Meridional” de Tomás Falkner (publicado el año 1774), en VESTIGIOS TEHUELCHES, página de Facebook.

Imagen: Cangapol

Tuesday, November 21, 2017

LOS LINDEROS OPACOS DE EISEJUAZ

ÁLVARO VÁSQUEZ

Eisejuaz, texto escrito por Sara Gallardo hace casi medio siglo y rescatada para Bolivia por la flamante editorial Dum Dum, es una novela cuya lectura no deja indiferente al lector.

Es una historia diferente, y está relatada de una manera diferente.

Podría llamársela, seguramente, un novela indigenista, pero no en el sentido en que lo son los textos de Ciro Alegría, José María o Alcides Arguedas, ni de Jorge Icaza. No busca tomar partido frente a un conflicto siempre presente en los países latinoamericanos: indio-blanco. No maneja una postura maniquea que reparta virtudes a uno y defectos al otro, y muestra al indígena Eisejuaz como lo que es en su sentido más elemental: un ser humano, con virtudes y defectos, con dudas y certezas.

Es también una novela distinta por la forma que tiene el relato, reflejando una oralidad propia de ciertas culturas. No es casual que las dos primeras partes del libro comiencen con la palabra “dije”. La forma en que se usan las palabras muestra mucho del que las pronuncia. Y Eisejuaz (la novela) logra eso, que el relato, además de transmitir al lector ideas, diálogos y circunstancias, le comunique también cómo piensa, siente y vive Eisejuaz (el personaje). Especialmente en culturas ágrafas como la mataca, la palabra tiene una importancia que excede el acto comunicativo puntual e inmediato.

Vargas Llosa, en el prólogo de su novela El hablador, rescata la función de cohesión social de los contadores de historias entre los indios machiguengas del Perú, y esas líneas vinieron a mi memoria al leer Eisejuaz, pues en varios lugares de la novela, un diálogo simple, que podría tomar apenas unas líneas, se extiende por media página o más, debido a que el personaje que habla incurre en múltiples digresiones antes de llegar al concepto que desea comunicar, es decir… cuenta una historia, aquella que no podrá ser registrada en una hoja de papel, pero que quizá sobreviva gracias a su repetición, aparentemente injustificada.

Y la palabra juega también otro rol fundamental en la novela: Relacionar al protagonista con la divinidad.

El judeo-cristianismo prácticamente equipara a la palabra con la divinidad, por su capacidad creadora: El primer capítulo del Génesis menciona varias veces “dijo Dios” (tal como al inicio de Eisejuaz), citando a continuación las distintas etapas de la creación. Por otra parte, el primer versículo del evangelio según Juan inicia diciendo: “Al principio, ya existía la palabra, y la palabra estaba junto a Dios, y la palabra era Dios” (otras traducciones cambian “palabra” por “verbo”).

Como antecedente literario, García Márquez rescata en Cien años de Soledad el poder creador de la palabra, cuando en la primera página de su célebre novela dice “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Es decir, que si algo no tiene nombre (si no es nominado a través de la palabra), se necesita señalarlo/verlo para saber qué o cómo es, para comprobar su existencia.

En la página 19 de la edición boliviana de la novela, Eisejuaz dice: Veo y digo: “Aquí descansaremos, aquí paramos”. Los lugares no tenían nombre en aquel tiempo. La primera edición de Cien años de Soledad se lanzó (en Buenos Aires) en 1967. Y Eisejuaz se publicó (en la misma ciudad y también con Editorial Sudamericana) en 1971. ¿Simple casualidad o Gallardo leyó la obra cumbre del colombiano antes de escribir su propia novela, y fue influenciada por aquella? Supongo que es imposible saberlo, y parece bien que así sea.

La palabra relaciona a Eisejuaz con la religión y la divinidad. El texto habla de la religión cristiana (menciona a las misiones holandesas, que eran jesuíticas), pero da a entender que el aspecto religioso en Eisejuaz era anterior a la influencia misionera. Por eso, incluso después de su conversión, reza a los ángeles del anta, del tigre, del sapo, de la abeja y de la serpiente; y ante el regaño del sacerdote, responde que él no es traidor, que es buen cristiano, pero que conoce a los mensajeros del Señor, desnudando un sincretismo evidente en nuestro país hasta hoy (pienso en los sacerdotes bendiciendo ekekos y billetes de alasitas, compitiendo con yatiris que metros más allá, sahuman y ch´allan los mismos objetos; pienso en el cráneo de Mariano Melgarejo, compartiendo espacio y fieles con diversos santos en dorado retablo de la iglesia de Tarata).

Eisejuaz sabe que su tiempo ya pasó, quizá sienta que el tiempo de su religión también pasó, y de forma casi obsesiva busca en su nueva religión alguna señal que le ayude a definir su destino y justificar sus acciones (¿acaso no todos los creyentes hacemos lo mismo en alguna medida?), sabiendo que él no eligió esa vida, pero debe vivirla. Y transmite vívidamente esta sensación a través de algunas de las mejores líneas de la novela, de una belleza casi poética:

¿De qué vale la baya, la algarroba del mes de abril? Ya perdió el gusto, ya perdió su suavidad, pero ella no eligió la hora de su vida. Debe cumplir. Debe ser molida, alimentar al hombre. Deber caer y sembrarse. Debe cumplir.

¿De qué vale el hormiguero que quedó en el desmonte, donde la tierra es negra, donde pondrán la caña? ¿De qué vale? La hormiga mira lejos y ve negro. Mira cerca y ve negro. No hay hojas, no hay pastos. Debe cumplir. No eligió la hora de su vida. No eligió su lugar.

No eligió. No eligió. Debe cumplir. Oh, no eligió. Debe cumplir.

Es sintomático que el sacerdote llame a Eisejuaz siempre por su nombre “cristiano”, Lisandro Vega, confirmando que un nombre no es solo una etiqueta, sino una forma de mostrar la esencia del nombrado. Por eso, quizás, el personaje que da nombre a la novela es nombrado a lo largo del relato con tres nombres distintos, acaso mostrando esa confusión de identidad que marca su vida.

Y la contracara de la palabra, el silencio, también tiene un valor en el texto. Eisejuaz calla cuando podría decir “no sé” o “prefiero no hablar de ello”. El valor del silencio parece haber sido relativizado por la cultura occidental, como si su presencia significara no tener nada que comunicar, pero Eisejuaz nos recuerda que el silencio también comunica. Y tal como Eisejuaz repite tantas veces la expresión “dije…”, también varias otras menciona “nada dije”. En ambos casos tiene algo que comunicar.

Eisejuaz se siente en deuda con el Señor, por quien dice haber sido “comprado”, a quien le “entregó sus manos”, y de quien busca la aprobación para poder, finalmente, encontrar sentido a su existencia, tan marcada por constantes contradicciones.

Es así que llega a la inmolación, que algunos podrán entender como aceptada, otros como provocada, redondeando la idea cristiana de la redención a través del sacrificio.

Aunque el relato se desarrolla en el norte argentino, bien podría ocurrir en el sur boliviano. Y es que las fronteras políticas y religiosas se vuelven linderos opacos, divisiones absurdas, cuando recorremos estas páginas de la mano de Eisejuaz.

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De TENDENCIAS (La Razón/La Paz), 19/11/2017



La casa, la vuelta, el origen

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES

Ministro 294, una puerta vieja. Sobre ella una pintura a la diabla, carcomida por unas termitas ya jubiladas. Una escalera hija de otra escalera. Más bien su verruga y mirándola de frente. No hay descenso a secas, sólo insinuación, siempre un nuevo “más abajo” desde otro ángulo. Pedazos de esquinas, el plan de Valparaíso, perspectivas infinitas, caos armonioso, arquitecturas sin unidad. Más allá, si se afina la vista, barcos y un pedazo de mar. Una calle más angosta de lo esperado. Cambios que no percibo a la primera. Los objetos libres de hace cuarenta años, una galería, un patio, plantas, árboles con alma atorrante, una vecina borracha fisgoneando, dos hombres diciéndose adiós bajo el poste de luz, simplificados ahora en una muralla única, monocolor, proyectada, tan egoísta ella, hacia el cielo. Solo queda erguirse si se requiere algo de aire nuevo. Por de pronto, yo no lo hago. Lo mío es la tierra firme y su vértigo. Vuelvo a la escalera verruga, tan esquinada y descascarada, como si tuviese sarna y otros pesares. Malezas guachas que crecen sin futuro esplendor entre los peldaños. Al costado, pedazos de pastelones puestos en el limitado orden que permiten las duras penas del declive. El cerro, como siempre, obliga a seguir su perímetro fiero, rebelde y choro. Sentarse y respirar en un tiempo más largo que el requerido para trajinar por la vida. Mirar en derredor y decir sí, es mi casa. La vieja casa del comienzo, la primera página del cuento, el Big Bang particular y minúsculo, sólo detectado por mi olfato y no más de unos pocos centímetros más allá. Un día en que el universo apenas tuvo cosquillas y Dios ni se enteró (preocupado, como estaba, de jugarse con el Diablo la suerte del golpe de Estado que se venía). Pocos cambios a la vista, todos para peor. Es mi opinión y ahí se queda. Al menos no la han demolido, me consuelo. Al menos, desde afuera, se siente el mismo aroma. A tierra gredosa, humedad, basurilla, perros, gatos, ratones, chinches, pulgas y garrapatas. Reencontrarse con el propio inicio. La casa más vieja a pesar de los trabajos de hermoseamiento. Con sus ventanas ahora móviles, su estuco permanente, el adobe y el rechinar. Plomiza por vocación. Sin sus amorosos habitantes, eso sí, y ante eso, sólo resignación. Todos dispersos en ésta y otra vida. La abuela protectora, tías y tíos juguetones, primos leales, padres imberbes, el abuelo inmóvil (ya era hora). Yo mismo, sin ir más lejos, cuento con mi propia dispersión. Vecinos de aquel tiempo vueltos con los años personajes de culebrón, destino trágico para cada uno de ellos. ¡Cuidado! Hay riesgo en detener la viñeta. Desde las alturas, detrás de velos y ventanas, los nuevos habitantes me observan. Incluyendo a un perro ingrávido posado a metros de mi cabeza sobre unas planchas de zinc. Un intruso invadiendo el barrio, piensan de seguro, hay que corretearlo. No me entenderían, pienso yo, aunque se lo graficara en dibujos. El que se fue, se fue nomás, sentencian. Aun así, tomo asiento en el segundo peldaño. Con la cámara en tus manos, registras el instante. Se abre la compuerta nubosa y no queda más que lo esencial. Pañales de género hervidos a baño maría en fondos de hojalata. Viento marino helado haciendo el serpenteo ascendente de siempre. Lavadoras con manivela y espuma de Bio Luvil que se rebasa por el pasillo de madera. Calzones de goma, talco, chupete mosqueado y lleno de pelusillas. Pero también consentimiento. Como en el aseo corporal paradito dentro de una tina de plástico, tetera de agua caliente, jabón y estropajo, los brazos serviciales de la abuela en fricción permanente, con algodón y colonia, toalla calientita sobre una estufa. Adiós a la piel de gallina, gustosa y regaloneada, con las prendas de vestir que esperan planchaditas sobre una silla. Sabrosa comida de emergencia, marraquetas gigantes y crujientes con mantequilla, huevo frito en paila pegado en costrones de aceite al metal, tostadas con paté de cerdo, té con cucharadas de azúcar, pescado frito en manteca, tortillas con chicharrones, tomate colorido y jugoso con cebolla, gaseosa Frambuesa Nobis para la sed, maicena con leche y chilenitos con manjar. Pobres pero bien comidos, sin tiempo para la sobremesa. Salgo volando y me reciben unos brazos. Vuelo de nuevo y caigo en otros. Como una suerte de vals, abuela, tíos, tías, padres, un vértigo que se detuvo sin aviso. Un camión de mudanza cargado de unas pocas cosas. Subo con mis padres a la máquina para emprender rumbo desconocido. Cuál de los dos más temeroso, toque de queda, nuevo empleo, cuidado con los soplones de la dictadura, convivir a solas con un niño y sus berrinches. Cada uno vuelto hacia dentro, sin toparse con el miedo del otro. Y yo, sobre sus faldas, sin saber de las razones poderosas para sumarme a ese caldero. Nos aprontamos al juego de la familia, la intimidad y autocontrol. Adiós a la casa vieja y al desbande. Viento seco y calor puentealtino. Otra ciudad. Ahora, al regresar a la dirección Ministro 294, quiero ser el mismo que partió. Tarea imposible. Me fusiono con la casa, sólo un instante, mientras me dice tú también has cambiado y para peor. Entonces, de qué me admiro tanto.

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Imagen: Kandinsky, 1908

Monday, November 20, 2017

25º ANIVERSARIO DE LAS GUERRAS DE LOS BALCANES/Un campo minado

BRU ROVIRA

Cuando a finales de la primavera del año pasado una enorme masa de refugiados empezó a andar a través de los Balcanes, desde Grecia hasta las fronteras austriacas y alemanas, se prestó escasa atención al hecho de que aquella gente que huía del campo de batalla caminaba sobre un campo minado. Pongamos sólo un ejemplo: Kumanovo, en la frontera entre Macedonia y Serbia, es una de las vías de paso en este tránsito de refugiados. Sin mirar más allá del dedo que les señalaba, pocos percibieron que en la misma ciudad se había producido en mayo una batalla campal en un barrio albanés, donde la policía asaltó las casas de un grupo guerrillero independentista de la antigua UÇK —kosovar y macedonia—, con el resultado de 8 policías y 10 guerrilleros muertos.

Si observamos hoy el mapa del trayecto que recorre la larga marcha de los refugiados en los Balcanes, el panorama resulta desolador: la frágil Grecia a punto de salir del euro, levantando campos de internamiento; la corrupta Macedonia, a la que Grecia bloquea su ingreso a la UE por culpa de un antiguo conflicto territorial, empobrecida por un Gobierno autoritario; Serbia, donde mandan los herederos de Milosevic y que sueña con meter la mano en Bosnia y en Kosovo; Croacia, la católica pura con el confesionario lleno de pecados inconfesos… Y sobre este polvorín, se ha reactivado un choque en el tablero global de la geopolítica, con Rusia y Turquía aprovechando la debilidad europea para hacerse un puesto entre las comunidades ortodoxas y musulmanas.

En la ciudad kosovar de Mitrovica encontré este verano enormes fotos de Putin colgadas en la fachada de las casas que se levantan al lado serbio de la ciudad dividida por un puente que separaba a los albaneses de los serbios. Kosovo, el país “independiente” que sueña con la Gran Albania; Kosovo, la “protegida de Occidente”, sigue todavía hoy bajo administración de la UE y se ha convertido en un ejemplo inquietante de este nuevo colonialismo consistente en meter dinero a mansalva y tolerar una élite corrupta, criminal, a cambio de que mantenga el orden. Se trata del mismo colonialismo que ahora se exige en el resto de los Balcanes. La infamia por encargo. En vez de asosegar la tensión en la Europa periférica ocupándose de los refugiados, la UE tensa los países más necesitados y toma partido por la autarquía y la corrupción, aunque sea a cambio de renunciar al reto esperanzador e idealista de la Europa política de los ciudadanos, la democracia y los derechos humanos.

Hace 25 años, a finales del mes de junio de 1991, Eslovenia declaró su independencia. Al día siguiente, empezaba la guerra que terminaría con la República Federal Socialista de Yugoslavia (RFSY). La guerra en Eslovenia fue corta y de baja intensidad: los combates duraron escasos 10 días y solo hubo 18 muertos por parte eslovena, 44 del Ejército yugoslavo (JNA), además de 12 extranjeros.

Aquellos combates se conocen como la Guerra de los 10 Días y fueron el principio de un nuevo estallido de violencia que duraría hasta finales del año 1999, y depararía en los Balcanes algunos de los sucesos más espeluznantes ocurridos en Europa después de la II Guerra Mundial. Srebrenica, Vukovar, Mostar, Gorazde o Sarajevo forman parte de los nombres que quedarán en el recuerdo de la ignominia, el terror, el genocidio y la limpieza étnica entre comunidades y religiones.

El nunca más del armisticio de 1945 volvería a ser una vez más, sin que apenas hubiera pasado una generación. “De regreso a Belgrado después de visitar Vukovar llena de cadáveres”, me contó una periodista serbia, “abracé a mi padre, que, sobresaltado, se apartó como si hubiera recibido una sacudida eléctrica. Pensaba que nunca más volvería a sentir este insoportable olor de la guerra, dijo rechazándome antes de arrancar a llorar desconsoladamente”.

Durante aquellos últimos días de junio y primeros de julio de un soleado verano de 1991, decenas de periodistas acudieron en masa hasta Liubliana, capital de Eslovenia. Al entrar en el hotel donde se alojaba la prensa, mi primera visión fue la del veterano corresponsal Francisco Eguiagaray, sentado en la cabecera de una larga mesa, rodeado de jóvenes periodistas.

Eguiagaray, cuya voz en Radio Nacional había retumbado desde Moscú en los tiempos de Franco, vivía entonces en Viena y trabajaba para TVE. Al llegar a Liubliana, se agenció varias cajas de champán y encargó etiquetar cada botella con la palabra Svoboda —libertad—. Todo aquel que estuviera dispuesto a escuchar sus largas lecciones de historia, historia de la Europa Central y del Este, del Imperio austrohúngaro, era invitado a champán hasta altas horas de la madrugada, momento en el que un camarero le ofrecía el brazo para acompañarle hasta su habitación y se retiraba por el pasillo tarareando la melodía de la Marcha Radetzky. Hoy estoy convencido de que si hubiéramos escuchado con más atención a aquel periodista enamorado de la historia no se habría tardado tanto en entender que la nueva guerra que empezaba en Liubliana era una guerra vieja, una guerra que venía de lejos. Y que si no éramos capaces de escuchar los latidos que palpitaban bajo la tierra que pisábamos nada podríamos descifrar de lo que se avecinaba.

De hecho, sin saberlo todavía, ya estábamos caminando en Eslovenia sobre los restos de una historia europea donde todavía podía escucharse de viva voz la experiencia personal de dos guerras mundiales, un imperio, un reinado y un régimen comunista.

Veinticinco años después, Europa vuelve a cometer los mismos errores. Como antes ocurrió con la guerra yugoslava, se muestra de nuevo sin un proyecto político común en los Balcanes. En vez de trabajar para los ideales europeos, levanta vallas, discrimina y maltrata. Prefiere sacarse el problema de encima, y lo hace atizando el fuego allí donde las sociedades son más frágiles, volviéndolas todavía más, en una suerte de subcontratación del trabajo sucio que no se quiere hacer en el propio territorio.

Cuando finalizó esta última guerra, la necesidad de acallar la violencia no tuvo entonces una segunda parte donde se trabajara para zurcir las heridas y ayudar a construir unos Estados democráticos integrados a la UE. De tal manera que la ficción de estabilidad se asentó sobre la aceptación de Estados donde la política autocrática se ha convertido en norma y la economía criminal funciona como la gasolina. Países donde los oligarcas controlan el Estado. El dinero público subvenciona una administración de amigos, paga campañas electorales, engrasa el fluido de la corrupción. Se trata de comunidades cuya base ideológica construye la política a partir de las identidades, la etnia, la religión, el territorio o la familia en una especie de ultraliberalismo corrupto donde la pertenencia al grupo es hoy la protección, el colchón emocional, del trauma provocado por el conflicto entre vecinos.

Es como si un leñador decide cortar las ramas de un árbol enfermo pensando que salva el tronco sin comprender que está matando el árbol. O que, quizás, como ocurre en los chistes idiotas de leñadores, estemos todos los europeos sentados encima de la rama que serramos.
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Bru Rovira es periodista. Cubrió como enviado especial las guerras de la antigua Yugoslavia. Acaba de publicar Sólo pido un poco de belleza (Ediciones B).

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De EL PAÍS, 26/04/2016


Fotografía: En septiembre de 2015, un grupo de refugiados caminaba por la frontera entre Macedonia y Serbia, cerca del pueblo de Miratovac. MOISES SAMAN (MAGNUM)

Sunday, November 19, 2017

Antonio Santori, la luz de la poesía

MAURIZIO BAGATIN

“Alrededor de nosotros se extiende la prosa del mundo, y en un ventrículo del corazón, la poesía acecha”   -Adam Zagajewski-

“La poesía pone al hombre fuera de sí, simultáneamente, lo hace regresar a su ser original: lo vuelve a sí. El hombre es su imagen: él mismo y aquel otro. A través de la frase que es ritmo, que es imagen, el hombre - ese perpetuo llegar a ser - es. La poesía es entrar en el ser”                   -Octavio Paz-

Tenías tu ventana siempre abierta, en el coloradísimo jardín los niños corrían, la libertad era el aire que todos respirábamos, allá en tu Civitanova Marche… y tus Marlboro - una encendía otra - eran una sobremesa, unas compañeras, un imposible desapego de tu vida; Pavese y Montale, Nietzsche y Gadamer, el pathos y la pura fibra de tu cuerpo, el amor y la desobediencia de tu ser. Eras de otra generación y nuevas generaciones alimentaste.  

Una noche organizaste una fiesta dedicada a la poesía - era el fin del año académico -  y todos confluimos ardientes, recuerdo Alessandro Ceni, atlético y desempeñado, lanzaba las hojas leídas y vaciaba elegantemente, vaso dopo vaso el Verdicchio de las dulces colinas marchigianas, y el alegre Enzo Tiezzi, poeta de la biología, del amor por la naranja azul que nos hospeda, su presentación de Il capitombolo di Ulisse fue asombrosa… con su sempiterno atraso, como si fuera un sudamericano, llegó Iván Graziani el cantor extravagante, el pintor extrovertido, el poeta contaminado por su generación. Paréntesis académica Gianfranco Lauretano… que leyó el espesor de tus textos, era tu primer editor, el visionario de muchas palabras… y Gismondi, el gran Giuseppe que de cada viaje traía un instrumento nuevo, curioso y extraño, aquella vez hizo estremecer a todos los presentes, Alberi volanti - escrita y compuesta con Antonio - penetró la conciencia de lo humano, circuló en las venas de lo viviente, hasta enmudecer el vino Rosso del Conero. Y luego los alumnos de la Academia, los del Liceo, las familias y nosotros, leyendo nuestros primeros pasos, las huellas de un camino empezado también gracias a ti… y así la Giusy, entonces tu compañera y sus pinturas il vero e il vero y aquel profesor de pintura, ahora no recuerdo su nombre, que a nadie caía bien y que aguantamos más por nuestra alegría, y aún más gracias al vino… tú estabas escribiendo Saltata, aquella noche nos hablaste del papel higiénico que se volvía cuaderno en el retrete, y de Sofía, tu primera hija, que a veces te sugería alguna estrofa, una rima, un verso, una palabra.  

Aún no sé si la poesía llegó a través de la filosofía o si la filosofía era toda poesía… ¿conciencia, sueño, o que más? - verso la meraviglia d’oro - … mucha luz, la luz de la poesía, del vientre de la ballena adonde te introdujiste… Jonás, Melville, Pinocho, el Mito hecho búsqueda poética de un sentido de la vida, lo poético hecho épico, lo épico amor…porque el último hombre, en el último momento que viva sobre la tierra, pensará en la poesía (Álvaro Mutis).   

Tanto amor por tus raíces, tanto fulgor por tu cultura, tanto de todo y un poco de todo lo que quisiste donar, dulce guerrero marchigiano, de fuerza y energía desbordante en tus j’accuse políticas, socráticas de por cierto, destiladas como la obra de arte de un coñac… corazón puro, madera y tiempo. Tanto excavaste la palabra, tanto la elevaste, penetrándola y moldeándola que… designaste límite y signo en Infinita, la trágica desesperación humana - dándole una bofetada al poder - en Albergo a ore, hablaste del no-vivido en Saltata e invocaste a un padre en La línea alba, buscaste siempre la belleza, esta paz feroz hasta que… se muere a cualquier edad, los que mueren jóvenes son los amados de los dioses (Marguerite Yourcenar). 

Ahora que ya no estás todos te tenemos, tu palabra, tus sueños, tu expresar el infinito - casi como el Leopardi detrás de la siepe -  el absoluto, lo innominable. Per questo mentre/ vivo tutto mi sembra/ innominato

Nota: Antonio Santori (1961-2007) ha sido una de las voces más poéticas de su generación: “Déjanos intentar encender el fuego,/sacudir el calor que de repente deja abrir, ruidosamente,/la boca gigante, los dientes dormidos en la grande oscuridad,/con nuestras palabras,/déjanos intentar nuevamente darle sentido a nuestras palabras”.  

Nacido en Montreal (Canadá) de padres italianos, regresó a una edad temprana en la región de Marche (centro de Italia), donde entre las localidades de Fermo, Macerata, Civitanova Marche y Sant'Elpidio a Mare ha vivido durante el resto de su vida. Se graduó en Filosofía en la Universidad de Macerata con una tesis sobre el lenguaje mitopoietico, fue profesor de Ciencias Humanas de los Liceos públicos de las ciudades de Camerino y Fermo y en la Universidad de Macerata. Fundó y dirigió el Centro de Estudios "Laboratorio de Poesía de la Marca", dedicado al estudio de la literatura europea y activo desde 1993 hasta 2007; dentro del Laboratorio, Santori ha organizado seminarios públicos y encuentros con importantes poetas contemporáneos italianos y extranjeros. Inmenso el encuentro-dueto con el Nobel Derek Walcott, en el verano del 2006. Incansable operador cultural, entre sus iniciativas recordamos los “Diálogos filosóficos”, reuniones públicas organizadas entre 1994 y 1995 en la ciudad de Civitanova Marche, con la presencia, entre otros, de Hans-Georg Gadamer y Emanuele Severino; así como el evento internacional "Europa. Festival de las raíces cristianas", realizado en la Provincia de Fermo entre 2004 y 2006. Se desempeñó como Asesor a la Cultura en el municipio de Sant'Elpidio a Mare entre 2005 y 2007, después de haber sido candidato con una lista cívica ("Proyecto Sócrates") en las elecciones municipales previas. Fundó y dirigió la editorial "Ediciones El Albatros" y, entre 1998 y 2001, la revista literaria "Laboratorio", una de las primeras revistas telemáticas italianas dedicadas a la literatura europea contemporánea.  

Autor de cuatro poemas, su trabajo poético se caracteriza por una recuperación de la forma poematica, en la cual el descenso lírico post-Montaliano se conjuga con una búsqueda en la palabra como símbolo inspirado por Cesare Pavese, Giorgio Caproni, Mario Luzi y Piero Bigongiari.
Noviembre 2017


Saturday, November 18, 2017

Under the Jungle

DAVID GRANN

The gradual devastation of the Amazon—the felling of thousands of square miles of forest, the clear-cutting of the jungle—has produced, paradoxically, one of the greatest archeological discoveries: a vast and complex ancient civilization. In cleared-away areas of the upper Amazon basin, researchers, using satellite imagery, have recently pinpointed a vast network of monumental earthworks, including geometrically aligned roads and structures, constructed by a hitherto unknown civilization. According to a new report published in the journal Antiquity, the archeologist Martii Pärssinen and other scientists have documented more than two hundred and ten geometric structures, some of which may date as far back as the third century A.D. They are spread out over an area that spans more than two hundred and fifty kilometers, reaching all the way from northern Bolivia to the state of Amazonia in Brazil.

As I previously wrote about in The New Yorker and in my book “The Lost City of Z,” for centuries most people assumed that the Amazon was a primeval wilderness, a place in which there were, as Thomas Hobbes described the state of nature, “no Arts; no Letters; no Society; and which is worst of all, continual feare, and danger of violent death.” Although the early conquistadores had heard from the Indians about a fabulously rich Amazonian civilization, which they named El Dorado, the searches for it invariably ended in disaster. Thousands were wiped out by disease and starvation. And after a toll of death and suffering worthy of Joseph Conrad, most scholars concluded that El Dorado was no more than an illusion. Indeed, scientists believed that the merciless conditions in the jungle were simply too inhospitable to support a large population, which is a precursor to any sort of large, complex society. The most influential archeologist of the twentieth century, Betty Meggers, famously dubbed the region a “counterfeit paradise.”

In the early nineteen-hundreds, the British explorer Percy Harrison Fawcett challenged this prevailing notion. While exploring and mapping much of the same area where the ruins were recently discovered, he reported finding large earth mounds filled with ancient and brittle pottery. Buried under the jungle floor, he claimed, were also traces of causeways and roadways. Based on this and other evidence, he insisted that the Amazon once contained large populations and at least one, if not more, advanced civilizations. Despite being dismissed and ridiculed as a crank, he set off in 1925 to find the place, which he christened the “City of Z.” He and his party, including his twenty-one-year-old son, Jack, then vanished forever—a fate that seemed to confirm the madness of such a quest.

Over the past several years, however, there has been mounting evidence that nearly everything that was once generally believed about the Amazon and its people was wrong, and that Fawcett was in fact prescient. When I followed Fawcett’s trail into the Xingu area of the Brazilian Amazon, in 2005, I met up with the archeologist Michael Heckenberger. In the very area where Fawcett believed he would find the City of Z, Heckenberger and his team of researchers had discovered more than twenty pre-Columbian settlements. These settlements, which were occupied roughly between 800 and 1600 A.D., included houses and moats and palisade walls. There were geometrically-aligned causeways and roads, and plazas laid out along cardinal points, from east to west. According to Heckenberger, each cluster of settlements contained anywhere from two thousand to five thousand people, which means that the larger communities were the size of many medieval European cities. “These people had a cultural aesthetic of monumentality,” Heckenberger told me. “They liked to have beautiful roads and plazas and bridges.”

The latest discovery proves that we are only at the outset of this archeological revolution—one that is exploding our perceptions about what the Amazon and the Americas looked like before the arrival of Christopher Columbus. Pärssinen and the other authors of the study in Antiquity write, “This hitherto unknown people constructed earthworks of precise geometric plan connected by straight orthogonal roads…. The earthworks are shaped as perfect circles, rectangles and composite figures sculpted in the clay rich soils of Amazonia.” The archeologists say they still don’t know if these earthworks, which are made of trenches thirty-six feet wide and ten feet deep, with adjacent walls up to three feet high, were designed for defensive purposes or for ceremonial works. Because of the symmetrical shape of many of the mounds and the way they slant to the north, there is some speculation that they may have had an astronomical purpose.

What is striking about the structures is that their monumentality and sophisticated design are best seen from an aerial view, where they look like an elaborate geometry equation diagrammed in the earth. Pärssinen and the team of scientists estimate that the population at these sites may have been as large as sixty thousand people, and what’s more that the sites found so far represent a fraction of what exists—”only ten percent of what is actually there.” The disappearance of this still mysterious civilization correlates with the arrival of the conquistadores in the Amazon and the spread of diseases. Alas, the discovery of this glorious civilization is due to another tragedy—the vanishing of the once great jungles its people inhabited.

  • David Grann has been a staff writer at The New Yorker since 2003. He is the author of “The Lost City of Z: A Tale of Deadly Obsession in the Amazon,” as well as the forthcoming “Killers of the Flower Moon.”
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De THE NEW YORKER, 07/01/2010

Imagen: Space Archaeology in the Amazon, Beni, Bolivia, 2016 

‘LAGUNAS DEL ENÍN’, MISIÓN JESUITA DE SAN XAVIER

LUIS MÉRIDA COÍMBRA*

Navegando por el rio Chapare desde su desembocadura en las aguas del Ichilo, a nueve curvas de navegación de arribada,  hay un afluente de aguas oscuras.  En este lugar con resplandor áureo todo es naturaleza, todo aves multicolores, todo: querubines malabaristas, aéreas ardillas, bufeos sonrientes, arpías reales.

Siguiendo el curso de navegación del arroyo se encuentra una laguna negra —ni tan alta ni tan baja— figura en el mapa con el nombre de “San Xavier”, antigua Misión Jesuita del mismo nombre. No existiendo ser humano en la actualidad, no hay ni hacienda conocida en rededor, ni población indígena. Doy constancia que remansos de aceites oscuros y densos emergen de monte adentro, alimentando el caudal de esta laguna prieta del paraíso terrenal. 

Playas níveas, aguas negras de arroyos salvajes bañan la laguna de “San Xavier”, donde existen calaveras de peces disecados en las arenas del tiempo, que, al calor de los soles tropicales, se hicieron esculturas sempiternas, monumentos plateados, obras de arte enmohecidas por la humedad carnívora, escasas esculturas sobreviven en esta galería natural de la alta amazonia boliviana.

En la madrugada de esas pampas ubicadas en la frontera Cochabamba y Beni, junto a esa laguna, con amaneceres neblineados hay una islilla de pequeña dimensión, su forma es de crisálida, con palmeras de Motacú a un costado. Sobre estas aguas la isla se mueve, según conveniencia de batracios, de la profecía de las aves, de saurios, o, del humor del tiempo y los vientos. A esta isla la divina imaginación le otorgó mitos, leyendas, misterios, ya que está —siempre— en movimiento, como un barquito de papel, se traslada del naciente al poniente, del sur al norte. La isla se mueve, la laguna no. 

Sus aguas violetean en la mañana, al mediodía bullen a 100º de temperatura,  el espejo negroide  se dilata y como sexo deseoso, ardoroso, penetra la selva virgen. Entonces… desde las concavidades oscuras, diamantinas, desde monte adentro emana una oloración vaginal drogando el ambiente con un poderoso narcótico que produce la convicción “de lo que no se ve”.

En esta laguna egregia “las escenas del crepúsculo o del alba están pintadas de rojo bermellón, de pálida rosa, matizadas en púrpura blanca con algodones laminados en oro de 100 quilates”, escribe Levi Strauss. El reino del Enín no tiene murallas ni fronteras; tiene puentes colgantes que bajan y suben al paraíso. Es memoria original, este edén  huele a jazmín y a pasto cedrón. 

Sus aguas pobladas de palometas naranjas que chisporrotean hambrientas en las ondinas encantadas de la bella amazonia, aguas llenas de yacarés cuidando lumbres sagradas de la Isla  Encantada. Éste es el lugar de la elegía, del estupor, donde los ángeles están vestidos de almirantes contemplando el lóbrego atardecer insospechado. Hace siglos los jesuitas dejaron un círculo de esmerado enigma.

Cae la tarde, se enciende el fuego de la noche, aparecen figuras del sueño, los cocuyos se confunden con las tristezas, se convierten en lenguas que abrazan con sus fuegos nada fatuos el instante de la luz eterna y fugaz. Por las noches galopan caballos desbocados sobre la laguna que no tiene más de un metro de profundidad y 600 metros de longitud.  

También se escuchan carretones chillones que chirrían ejes de metal —¡da miedo!—, dicen los aventureros, hombres de madera y lejanía; montaraces con arma al cinto y aguardiente en la boca. De sus aguas de luto emergen piraguas con sacerdotes homicidas blandiendo machetes, buscan muchachas en flor para llevárselas en forma de almas a la Tierra sin Mal.  

Doy crónica de esta navegación de la laguna de la antigua “Misión del San Xavier”, que da referencia el Explorador Alcides D’Orbigny cuando regresaba de su expedición (1832), visita de un año por las playas desiertas de lo que hoy es el departamento del Beni. 

De este escrito doy fe sentado  frente a este espejo de aguas y atardeceres en la juntura del río Chapare e Ichilo, punto geográfico donde se forma  el río Mamorecillo, precursor del Mamoré, depositario del Amazonas, también llamado por Vicente Yañes Pinzón como el “Río de Santa María de la mar dulce”.

*Cineasta y poeta

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De CAMBIO, 16/11/2017 

El mundo es de los mediocres

CARMEN POSADAS

Llevo semanas leyendo una biografía de Stalin. Voy despacio, no solo porque es voluminosa (cerca de ochocientas páginas) sino porque lo que cuenta es tan aterradoramente inverosímil que a veces tengo que releer varias veces de pura perplejidad. No hablaré aquí de los veinte a cuarenta millones de víctimas que se le atribuyen. Tampoco de cómo con él se cumple, inexorable, ese refrán que dice que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. ¿Sabían, por ejemplo, que la colectivización, es decir su programa para optimizar la producción agrícola reemplazando las granjas de propiedad individual por koljoses comunales, provocó tal hambruna que los campesinos desesperados devoraban los cadáveres de sus hijos muertos de inanición? Descuiden, no voy arruinarles la mañana de domingo con estas u otras atrocidades, sino que me gustaría reflexionar sobre esta curiosa frase del tío Josif, como a él le gustaba que lo llamasen: “El mundo es de los mediocres” —aseguraba, y lo hacía con conocimiento de causa. “Mediocre y oscuro”— así lo definió Trotsky al poco de conocerlo, sin sospechar que a no mucho andar Stalin lograría no solo eclipsar su rutilante estrella sino hacer que palideciera también al astro rey de la revolución, el mismísimo Lenin.

¿Cómo un hombre poco elocuente, con una inteligencia rústica y cerrado acento georgiano logró abrirse paso entre camaradas mucho más brillantes que él y convertirse en uno de los hombres más poderosos y temidos de la tierra? Precisamente por una para él venturosa conjunción de mediocridad y crueldad a partes iguales. Mediocridad para, en el comienzo de su andadura política, no levantar suspicacias. Una muy útil grisura que le permitió infiltrarse en las esferas dominantes hasta situarse, para asombro de todos, a la par de Lenin. Y crueldad para primero convertirse en imprescindible ocupándose del trabajo sucio y más adelante, una vez alcanzado el poder, utilizándola como implacable arma política hasta hacer tristemente cierta esa otra frase suya que seguro conocen: “Una muerte es una tragedia, pero un millón de muertes es solo estadística”.

Siempre me han fascinado los mediocres. ¿Qué especial talento tienen para estar siempre en el lugar adecuado en el momento preciso? ¿Cómo consiguen alcanzar metas más elevadas que otras personas más inteligentes, más preparadas, más interesantes? Observando casos notables como el de Stalin pueden sacarse algunas conclusiones. A diferencia de los brillantes, que inevitablemente levantan envidias y recelo, los mediocres vuelan bajo el radar y poco a poco procuran hacerse imprescindibles. Incansables pelotas, los mediocres son tenaces, y cuentan con otra poderosa arma, su propio resentimiento, motor tanto (o más) útil que el entusiasmo, el idealismo, la inteligencia incluso. Los mediocres no serían tan peligrosos si, una vez alcanzada su meta, dejaran de pensar como mediocres. Pero no, cuando tienen éxito, y para proteger la situación que tanto les ha costado alcanzar y que tan grande les queda, se vuelven despóticos, dan órdenes absurdas, caprichosas, injustas. ¿De quién se rodea un mediocre cuando está arriba? Obviamente no de personas que puedan hacerle sombra. Por eso en su corte celestial abundan los necios, los tontos útiles y, por supuesto, más mediocres. Otra de sus tácticas es, puesto que no pueden hacerse admirar, hacerse temer. Y bien que lo logran practicando el divide y vencerás, la arbitrariedad y hasta la crueldad más refinada.

Paradójicamente, y por fortuna, la vida a veces se toma sus curiosas revanchas. En el caso de Stalin, por ejemplo, era tal el pavor que inspiraba que, al final de sus días, la parca le tenía reservada una sorpresa. Una noche le sobrevino un ataque cerebrovascular. Durante casi 48 horas estuvo agonizando sobre sus propios orines y excrementos sin que nadie se atreviera a abrir su puerta. Cuando por fin lo hicieron, los médicos no querían tocarlo siquiera (meses atrás había mandado fusilar a su galeno de cabecera). Su agonía se alargó durante días. No podía hablar ni mover un músculo pero sí ver la cara de satisfacción de sus herederos políticos rodeando su cama. Un fin a la medida de tan cruel mediocre.

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De ZENDA, 12/11/2017